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De moteros, mayoras, volantear y ajúas

Arturo Guerrero

29 de abril de 2022 - 12:00 a. m.

Una de las más recientes ofensas contra la lengua fue la que identificó a los conductores de motocicletas con el horrible vocablo de “moteros”. Por apresurarse a protestar obstruyendo vías y destruyendo la bondad del aire con sus tronantes motores, estos ciudadanos no advirtieron que el mayor mal que les sobrevino fue semejante calificativo.

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Fueron degradados de motociclistas a moteros. Este título suena a golpe de martillo en la cabeza, a peligro contundente. Es cacofónico, parece un apodo con el que se quiere mortificar a un enemigo. El esperpento lo usaron las autoridades concernidas, penetró entre el público y, lo peor, fue adoptado por la mismas víctimas andantes en dos ruedas y un ruido.

Días atrás había saltado a los medios y redes otra barbaridad. Una candidata digna de todo respeto comenzó a hablar de las “mayoras” para aludir a las mujeres sabias y experimentadas, a las magas de las hierbas dulces y las aguas curativas. Se formó de inmediato un escándalo.

El término venía oyéndose entre los indígenas y ahora saltó a los afrocolombianos. El femenino espurio de “mayores” se les adjudicó a aquellas magas como reivindicación feminista de su papel histórico, similar al de los ancianos guías y chamanes. La intención fue buena, pero el resultado fatal.

Emergió a la memoria el discurso del presidente venezolano Nicolás Maduro, cuando pretendió ganarse a las grandes masas revolucionarias de mujeres, animando a sus millones y “millones” de seguidores. Estallaron las risas en todo el continente, a pesar de que este mandatario había acostumbrado a los auditorios a sus salidas cantinflescas.

Las millonas de mayoras estarán todavía destornillándose de risa ante la figura maciza de Maduro, sin advertir que su carcajada equivale a escupir para arriba. Lo mismo les puede suceder a los moteros.

Y a los candidatos de la actual campaña presidencial, que sueñan con hablar de tú a tú con Venezuela, cuando sean elegidos. Ellos inventaron también una voz que compite de maravilla con la erudición del sucesor puesto por Hugo Chávez: “volantear”. Las inocentes hojas volantes con propaganda resultaron transformadas en un verbo intransitivo, por lo demás bastante alusivo a la actividad electoral.

En efecto, volantear se refiere al modo de ser de alguien inconstante o volantón. O a las acciones de los equilibristas que dan volteretas en el circo. Ni más ni menos que lo que practican en cada período los aspirantes que se cuelgan al número uno en las encuestas, para así aprovechar el mejor viento.

De este furor destructivo del idioma no se libran los altos mandos civiles y militares. Cuando el presidente quiere hacer énfasis sobre alguna decisión que nadie comprende ni acata, simplemente recalca: “quiero ser claro y contundente”. Y cuando el general que manda más que todos los generales termina sus alocuciones patrióticas, remata con un acróstico que es grito de guerra de los marines gringos: ¡Ajúa!

arturoguerreror@gmail.com

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