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El filósofo presocrático Demócrito nació en la desaparecida ciudad de Abdera, Tracia, en el siglo V antes de nuestra era. Matemático, geómetra, fundador del atomismo, fue un escritor enciclopédico. Se reía del mundo y consideraba que la risa da sabiduría.
Viajó por Egipto, Etiopía, Mesopotamia, Caldea, Babilonia, Persia, sitios de fábula donde aprendió de magos, sacerdotes y estudiosos. Vivió casi cien años y tuvo influencia en Epicuro, el hedonista. Aristóteles lo leyó con interés, Platón lo odió.
Este sabio griego no era, pues, ningún pintado en la pared. Jorge Luis Borges escogió su figura y la de sus paisanos para formular un silogismo sin escapatoria. Helo aquí:
¨Demócrito jura que los abderitanos son mentirosos; pero Demócrito es abderitano: luego Demócrito miente: luego no es cierto que los abderitanos son mentirosos: luego Demócrito no miente: luego es verdad que los abderitanos son mentirosos; luego Demócrito miente; luego…¨
Este galimatías fue recogido por el cuentista mexicano Edmundo Valadés en ¨El libro de la imaginación¨, su antología de textos breves de autores de todos los tiempos. Lo tituló ´Silogismo bicornuto´.
Textos como el de Demócrito son presentados allí como ¨inverosimilitudes formidables, colisiones entre realidad y fantasía, (que) están más allá de lo visible o comprobable¨.
El nombre del que nos ocupa trae una palabra poco usada pero de sentido claro: bicornuto. De dos cuernos, como un toro. Igual que los del toro, los dos cuernos son inseparables. Solo la quimera imaginó al unicornio.
Pues bien, ni Demócrito, ni sus abderitanos, ni Borges, ni Valadés sospecharon en su tiempo tasado en dos milenios y medio, que al contribuir para el dichoso silogismo pintaban la tribulación de un país actual llamado Colombia.
Pero así es. Los magos egipcios y caldeos, los reidores y sabios presocráticos, el Borges de bibliotecas absolutas, prefiguraron la formidable inverosimilitud de una sociedad con dos astas sin reconciliación en la cabeza, de las cuales le es imposible librarse.
El par de cuernos alternan un cisma originado en la mentira. Por eso el silogismo es culebra que se muerde la cola a muerte. La mentira de uno es prueba de la verdad del otro, la cual a su vez es comprobación de la mentira propia. La sucesión infinita es condena de sordos que además no quieren oír.
La situación es de locos, es colisión entre realidad y fantasía, su mecanismo funcional no se deja comprobar. ¿Será el destino de este pueblo una condena a otros cien años de soledad y guerra?
Atención: el nombre de Demócrito significa ´escogido por el pueblo´. Y resulta que ese pueblo es su pueblo, el de los abderitanos. Lo que se predique sobre el filósofo que ríe se predicará también sobre sus paisanos que lo señalaron como sabio. Y viceversa. Tal vez aquí resida el misterio del silogismo bifronte.
Los dos cuernos que se mienten y desmienten con ahínco pertenecen a la misma cabeza. Los dos bandos que se roen miserablemente el cráneo son carne y entraña de idéntico pueblo.
arturoguerreror@gmail.com
