Hacia las cinco de la mañana, o antes, comienza en la capital el concierto de los pájaros mañaneros. Son avecillas de piar agudo y perseverancia increíble. Los expertos opinan que estos trinos tienen contenido sexual, puesto que son utilizados para atraer parejas a largas distancias. Por eso las aves enamoradas los entonan a esa hora cuando las ondas sonoras urbanas no son tan fuertes ni constantes.
Al final de la tarde también suenan estos trinos, pero los atronadores ruidos de camiones, buses y motos no los dejan escuchar como a la madrugada. Además, son bien pocos los ciudadanos que hacen el esfuerzo de captarlos. A lo largo del día los pájaros cantores se silencian o tal vez entran en profundas meditaciones.
Lo cierto es que las minúsculas aves inauguran con solemnidad cada día del año. Difunden sus idiomas sin importar que los millones de habitantes les presten atención. Desde los árboles viejos de los parques y las avenidas, donde duermen, estos cantantes entonan suaves idiomas agudos, como sus picos agudos.
Son vestigios de épocas en que el asfalto no cubría la naturaleza. Ahora, cuando más que casas unifamiliares los hogares ocupan edificios que son torres, los mismos pájaros o sus antepasados mueren estrellados sobre los ventanales que para ellos son apenas extraños jardines transparentes.
No existe sociedad protectora de pájaros, similares a las protectoras de animales. A las alturas de sus vuelos no se asoman los funcionarios de las alcaldías, seguramente porque consideran que allá arriba no rigen sus funciones. Así como se dice que cada loro en su estaca, no hay un dicho que ampare a cada ave en su árbol.
Al contrario, los árboles urbanos se suelen talar para dar paso a más asfalto. Y los nuevos que se siembran son apenas retoños sin envergadura que tardarán años en ser habitados por las aves desahuciadas. No es de locos imaginar que en el repertorio de cantos alados haya muchos intentando transmitir a los humanos súplicas de piedad que ruegan por la permanencia de sus hábitats.
¿Existen compositores que inventan melodías nuevas para las nuevas generaciones de pájaros? Es bien dudoso que algún investigador experto en zoología se haya ocupado en comprender los himnos y quejas de los animales que viven entre los aires y las tempestades. Por eso sería bueno atender su piar madrugador, pues a esas horas imposibles la mente humana suele amanecer abierta y receptora.
Incontables generaciones aladas pueden haber aprendido a entender en algo las señales de los hombres que no logran por sí mismos elevarse ni un metro sobre sus cabezas. Entender, por ejemplo, esa inveterada costumbre de encerrar en jaulas domésticas a los pájaros, solo para disfrutar de sus cantos y colores.
Es bueno pensar y elucubrar sobre las mentes de los seres que cantan y vuelan sobre las urbes del esmog. Intentar un sentimiento de solidaridad con su extraña vida. Tratar de captar el posible mensaje que envían todas las mañanas para acompañar el despertar de la especie inteligente.