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El soldado que noveló la violencia

Arturo Guerrero

22 de abril de 2022 - 12:00 a. m.

Carlos Esguerra Flórez es un escritor colombiano, nacido hace cien años y olvidado por editoriales y lectores. Esto a pesar de haber publicado cinco novelas en los años cincuenta, una de ellas considerada ejemplar y pionera en el tema de la violencia política. Su vida, además, es en sí misma otra novela.

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A los quince años se enfiló como soldado y se mantuvo en las fuerzas armadas durante doce años. Llegó a ser teniente, pero todos le decían “capitán”. Trasegó por Pereira, Manizales, Santa Marta, Florencia, Amazonas, Putumayo, Pamplona y Málaga en cuya guarnición recibió su retiro temporal del ejército por solicitud propia. Era 1949, tenía 27 años, de los cuales doce en la milicia.

Vivió el comienzo de la violencia interpartidista, dos veces resultó herido, su equipo de campaña siempre incluía un libro. Leyó y escribió desde niño. Tenía clavada la espina de un destino ineludible. Dos años antes de salir del ejército la describió: “estoy absolutamente obsesionado por la idea de hacerme a una fecunda producción literaria. Ávidamente quiero entrometerme en la lectura de buenos maestros en el arte de las letras”.

Devoró a Goethe, Tolstoi, Wilde, Hesse, Zweig, Mann, Broch. Lo inquietó la filosofía: Descartes, Kant, Schopenhauer, Nietzsche. Se le conoció como “novelista de ideas”. De estampa parecida a la del novelista norteamericano John Steinbeck —cara larga, bigote delineado, semblante ensimismado—, tuvo dos matrimonios y diez hijos en Pamplona, donde pasó muchos años.

Escribió con disciplina militar. Dejó muchas novelas inéditas, lo mismo que un Diario íntimo de diez enormes tomos manuscritos. Su buque insignia es Los cuervos tienen hambre, Editorial Mattos, 1954, Bogotá, 400 páginas. Fue reeditada por la editorial El libro total, de Bucaramanga, en diciembre de 2021, para el homenaje centenario que se hizo en enero del presente año en la Biblioteca Nacional de Bogotá.

En el prólogo, el historiador y escritor Enrique Santos Molano se refiere a su tema central, la violencia: “me la leí de un tirón por lo ameno del relato, la corrección y elegancia del estilo, y pensé que era y creo que sigue siendo la mejor novela que se ha escrito al respecto… Sigue vigente como literatura y también, por desgracia, en lo político, porque hoy los cuervos siguen hambrientos”.

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El relato ocurre entre Pamplona, Bochalema y varias fincas cercanas, cuyos dueños hacen tertulias periódicas en las que por turnos cada uno se extiende en temas filosóficos y antropológicos. El autor mezcla la descripción de las costumbres del campo, con amplias reseñas de estos asuntos teóricos y con el ambiente enrarecido que viene de las ciudades.

La situación casi feudal se ve alterada por turbas violentas cuyas caras no se dejan ver en la narración. Entre las hipótesis explicativas, Esguerra plantea: “O eran agentes del mismo gobierno, por ese entonces empeñado en mantener un estado de alarma nacional en preservación de ´un estado de poder y de orden´, necesitado del mal para obrar con el mal”.

arturoguerreror@gmail.com

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