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El tejido noticioso de la realidad

Arturo Guerrero

31 de julio de 2026 - 12:00 a. m.

El tiempo contemporáneo está hecho de noticias. Ellas nos asedian con su carga de incertidumbre y su curso siempre urgente. Cada vez más desplazan la relativa monotonía de la vida cotidiana, del quehacer diario de los seres de hoy. No siempre fue así. En el pasado no muy lejano cada casa, cada apartamento, guardaban un secreto que para sus habitantes era lo fundamental.

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Los dramas familiares estaban protegidos por las cuatro paredes. Solo en ocasiones excepcionales salían a la luz pública. Y cuando esto sucedía era porque el chisme íntimo se volvía escándalo. Un divorcio, un embarazo frustrado, la infidelidad de él o de ella que era peor. Más que una noticia, estos sucesos se divulgaban a manera de alboroto.

Además, esta circulación de novedades carecía del peso y seriedad de la noticia. Constaba más de los dimes y diretes, que de la investigación y comprobación que caracteriza a la nota periodística de hoy. Era el hazmerreír y la burla de los vecinos y conocidos que festejaban las ocurrencias ajenas.

Antes de las noticias, reinaba el chisme. Las noticias se consolidaron con la aparición de la prensa como institución. Y con ellas nacieron los periodistas, esos sabuesos que dedican su vida a perseguir, comprobar y armar los relatos periodísticos. Fue entonces cuando los sucesos se escaparon de las cuatro paredes hogareñas para abarcar la complejidad de la vida en sociedad.

En un comienzo los reyes de esta profesión fueron los periódicos, que debían su nombre precisamente al carácter regular de sus apariciones. Lo importante era que circularan cada día, cada semana o cada mes. Los viejos de hoy no logran comenzar sus días sin tener entre manos esas hojas grandes de papel donde encuentran los hechos importantes de la jornada.

La llegada de la radio y la televisión hicieron más corta la distancia entre una noticia y la siguiente. Y ni hablar de internet, esa red internacional que no descansa ni de día ni de noche. Esta es una rueda imparable que dispara informaciones, y otros contenidos, en un ritmo incansable e insaciable.

Como su nombre lo indica, atrapa a los ciudadanos, igual que los aparejos de los pescadores fluviales y marinos. Nadie escapa de semejante tejido que funciona las 24 horas. Le otorga contornos y espesor a la vida de la raza humana, de manera que se puede afirmar que, como nunca antes, el tiempo contemporáneo está hecho de noticias.

Esta realidad genera una forma de control y conducción omnipresente. Es el espejo en que se mira y se reconoce la humanidad. Lo cual le da un poder impresionante que ya quisieran los gobernantes del mundo. Los teóricos de comienzos de siglo se refirieron a este fenómeno con un símil tomado de la familia: el gran hermano.

Hoy es posible afirmar que este símil está superado. En efecto, este es tomado del contexto que protege y ayuda a crecer a las personas, el hogar. Habría que pensar si de verdad las noticias se comportan hoy como cocreadoras y acogedoras de la humanidad.

arturoguerreror@gmail.com

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