Publicidad

Este junio y sus altos destinos

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Arturo Guerrero
12 de junio de 2026 - 05:00 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Junio se convirtió en un diciembre chiquito. En primer lugar, por la cantidad de lunes festivos que tiene, todos de origen religioso. También porque los estudiantes están de vacaciones de mitad de año y por lo regular viajan con sus familias a climas más excitantes. Vamos en mitad del año y la gente entra en modo pausado.

En el presente año, junio se vistió entre nosotros de elecciones, primera y segunda vuelta presidenciales. Los adultos van a los centros de votación para definir el rumbo político del país. El aire se llena de expectativas, de marchas por uno y otro candidato, de manifestaciones que las redes sociales convierten en multitudinarias.

La diosa romana Juno, dedicada a la maternidad y el matrimonio, le dio el nombre a este mes que se da ínfulas de pequeño diciembre. En los países con estaciones, comienza el verano y con él los calores. Entre nosotros las familias pudientes se van de vacaciones a esos lugares y allá se encuentran son hordas que hacen subir los precios de todo y compiten por metros cuadrados de reposo.

Por ser la primera parte del año, se esparce en las cabezas la sensación de velocidad con que transcurre la vida. ¡Qué barbaridad, este año tampoco se hizo nada! Hay una imagen del tiempo como un tobogán en que viajamos con aceleración de vértigo. Y si bien al comienzo va más lento, cuando corona la cumbre de mediados de junio se despega de obstáculos y flota con rapidez creciente.

Entonces los últimos días de junio serían para amarrarse los cinturones. La vida se despeña, lo que no se hace ahora se queda ensayado. Y el todavía lejano diciembre se siente ofuscado. Muchas familias prefieren comprar los regalos de fin de año, con la ilusión de que todo ahora está todavía más barato. Además, así quedan inmunizadas contra la agitación y las chichoneras navideñas.

Este año Colombia estrena presidente cuya pompa de posesión será en agosto, pero cuyo tono de gobierno se conocerá desde este junio. Hoy reina la incertidumbre pues los candidatos punteros son como el agua y el aceite. Esta circunstancia le agrega a junio una preeminencia sobre los demás meses.

En junio se definirá un destino nacional, el fiel de la balanza se inclinará hacia un rumbo colectivo. Otro dicho muy nuestro señala que como es el comienzo, así será el final de los procesos. El actual mes, pues, tiene sobre sus hombros una responsabilidad que desborda sus simples treinta días calendario.

No todos los junios han ostentado tan altos destinos. Es el de este año el que carga sobre sus hombros la definición de los siguientes cuatro años largos. Es un duro destino el que le marcó el almanaque al mes que hoy corre. Equivale a una suerte de paternidad sobre los demás meses e incluso años.

Las civilizaciones antiguas, cuando asignaron a cada mes el nombre de sus dioses, lo hicieron con ayuda de sus brujos, cabalistas y agoreros. Creían que estos eran sabios con visiones más allá aquella de los simples mortales. Por eso les confiaron el bautizo de cada fracción del tiempo.

arturoguerreror@gmail.com

Conoce más

Temas recomendados:

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.