Hoy es el Día internacional del Fin del Mundo. Si no lo cree, consulte el Calendario Literario 2021, realizado por egresadas de creación literaria de una universidad bogotana, arropadas bajo la dirección de Instagram @lacuartarayadeltigre. Son buscadoras de proyectos propios y en esta ocasión se juntaron, para las ilustraciones, con @la_materazine.
El anuario dedica cada mes a una obra de un escritor colombiano de poesía, narrativa o teatro. Salpica algunos días con menciones textuales, otros con ocurrencias de humor. El 10 de marzo, por ejemplo, fue el “Aniversario del día en que ningún escritor se suicidó”. Noviembre tiene no 30 sino 31 días porque el tiempo no alcanza para nada. Y, en efecto, el 31 de diciembre está marcado como Día internacional del Fin del Mundo.
Como es almanaque de pared, nadie escapa a mirar y tachar la última jornada del año. El año en que todo se va a acabar. Si el telescopio Webb se atreve a espiar las primeras luces del universo, no es reprochable que estas jóvenes conjeturen sobre las postrimerías de la formidable innovación que nos mantiene aún respirando.
El espacio-tiempo, que ha sido un infinito, hoy asoma como un juguete, un trompo fácil de girar en una mano. Perdió su aura de misterio, de cosa que no cabe en ninguna cabeza. Los astrofísicos y los creadores literarios lo hacen potable, al menos concebible en los expandidos predios del cerebro humano.
Si el libro más leído desde la pandemia titula El infinito en un junco, ¿por qué no comprimir esa desmesura en un sencillo enunciado al alcance de todos? Y como hoy no existe día sin asignación a un ideal, personaje u oficio, es comprensible que las chicas del calendario hicieran lo propio con el último día del año… y de todos los años.
Normalmente la entidad que escoge la causa otorgada a cada día es Naciones Unidas. De modo que rotular este día de Año Nuevo como postrer surco de la tierra sobre el sol podría calificarse como usurpación de la mayor organización internacional de la historia. Pero ante el anuncio de la suprema catástrofe imaginada, arrogarse derechos de autor es cosa vana, trofeo no apetecible.
La película más vista del top 10 de Netflix en Colombia trata casualmente del cometa que acabará con lo que existe. Aconseja su título “No mirar arriba”, y entre estropicios hollywoodenses escenifica el apocalipsis. Signar el 31 de diciembre, hoy, como día consagrado al fin del mundo equivale exactamente a lo contrario, a mirar arriba.
Quienes lean esta columna antes de las doce de la noche -ya que después sería imposible- tienen la oportunidad de hacer cierre de caja de sus vidas. Pérdidas, ganancias, deudas, proyectos no realizados, logros: en un segundo, el balance del parpadeo que es una vida humana.
Pero la tarea va más allá. No es un individuo el que termina, es el universo mundo el que estalla. Y más allá de mares, montañas, cielos, con él se lleva la hazaña invisible y fecunda del cerebro humano.