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La conmovedora vanidad de los mandatarios

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Arturo Guerrero
24 de abril de 2026 - 05:00 a. m.
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Hay un auge de vanidad entre los gobernantes y los políticos. No les basta con aparecer en las fotografías rutinarias del poder, multiplicadas por la contratación de un séquito de fotógrafos y expertos en imagen. Figuran, además, con atuendos estudiados para destacarse en medio de los saludos y la histeria de sus seguidores.

Todo parece obedecer a un plan que los hace exhibirse como si la ruidosa adoración del pueblo fuera el asunto más natural. Como si todo recinto, cerrado o al aire libre, fuera la continuación de la vida cotidiana del señor presidente. Este se moviliza bañado por las mieles del espectáculo, reproducidas al infinito por los medios audiovisuales entre los que se destacan las redes sociales.

Un observador imparcial puede advertir que la euforia de las multitudes no es más que una toma de operadores expertos en mostrar aquello por lo que les pagan mejor. Una cámara al hombro y una edición dirigida a lograr efectos que convierten a un grupo casual en una manifestación victoriosa son trucos bien conocidos y empleados hasta la saciedad.

Los detalles son bien cuidados, el político sabe saludar y abrazar a las señoras, halagar a los niños, darles la mano a los hombres como si fueran amigos de toda la vida. Es una obra de teatro al aire libre, repetida en cada salida a la calle o a la plaza pública. No importa en qué ciudad tenga lugar, se supone que todas lo reconocen y lo agasajan como si se tratara del mismísimo Simón Bolívar montado en su caballo luego de liberar cinco repúblicas.

Lo más interesante de este sainete es que el protagonista se come su propio cuento. Se levanta cada mañana mirando cuántos vasallos se apresuran a postrarse para alcanzarle las pantuflas. Revisa cada día en qué lugar del mundo hay una reunión de sus pares en la región y se apresura a subir al avión para que no lo deje el ritmo de la historia.

No importa que esta sed insaciable de figuración le robe las horas que debería dedicar a gobernar. Para eso están los ministros, que le deben obediencia puntual. En realidad, el país le quedó chiquito: él cultiva destinos más altos, galaxias que están esperándolo para que desde ellas arroje su sabiduría sobre el orbe.

Su vestuario tiene que ser renovado, de modo que cada discurso muestre una chaqueta abullonada diferente o un atuendo de íntegro blanco de los que se usan en las zonas tórridas donde toman ron los más alegres de sus súbditos. El señor mandatario ha aprendido su función celebratoria que mañana, tarde y noche lo obliga a juntarse con sus pares, igualmente encopetados.

La vanidad lo lleva a moverse por el globo para codearse con las máximas figuras del poder. Es como si este poder se desgastara si no se exhibe en medio de las masas que prodigan sus aplausos embobados. A todos se les ha subido la golosina de su función mandataria. No imagina uno como será su depresión cuando comprueben que ellos no son más que uno entre la muchedumbre que los eleva más arriba de sus posibilidades.

arturoguerreror@gmail.com

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Helda Martinez(92748)25 de abril de 2026 - 02:09 p. m.
😅😅😅 Me reí con la columna, "Blanco es, gallina lo pone". Sin duda es Petro en tiempos recientes, porque no siempre se vistió con vanidad de pasarela. Antonella, Sofía o Verónica estarán detrás... quién sabe. Lo de la camisa blanca es simbólico y válido. Pero también es muy llamativo, querido Arturo, que a los millones de críticas -válidas o no- se sume esta... 🤣🤣🤣 aun bajo el caliicativo de "conmovedora". Abrazo.
hernando clavijo(26249)24 de abril de 2026 - 08:26 p. m.
El traje del Emperador
bernardo cifuentes garcia(19305)24 de abril de 2026 - 04:44 p. m.
El más pequeño de éstos "grandes" que siempre han existido y existirán lo tenemos que soportar como presidente hasta el 7 de Agosto.
DONALDO MENDOZA M.(67774)24 de abril de 2026 - 11:24 a. m.
Por ahí anda un culibajito, que aún se cree presidente, porque así se lo hacen creer sus aduladores.
Atenas (06773)24 de abril de 2026 - 11:08 a. m.
Turo, qué acertado viniste hoy: sos un duro. Esa es la clásica descripción de lo q’ sucede con el asqueroso ojisapo: vivir posando y sin mirar de frente mientras la vive cagando, por ello lleva tras de sí una corte y cohorte de vasallos y besapies con H.Morris y RTVC o Inravisión a la cabeza q’ pa su jauría amplifica en clara muestra de la pequeñez y crasa ignorancia de ciertos hispanos q’ no superan su mentalidad indígena: arrodillarse ante los Conquistadores y acariciarles las espadas. Atenas
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