Luego de diez años de haber anunciado en rueda de prensa la desaparición del personaje, el subcomandante Marcos volvió a mostrarse ante cámaras y un auditorio campesino. El mundo lo reconoce por su pasamontañas, su verbo encendido, su liderazgo revolucionario en el departamento sureño de Chiapas, corazón de la civilización maya.
Desde este año nuevo circula en las redes un video de 20 minutos donde se ve al insurgente de 67 años rodeado de hombres de negro igualmente encapuchados. Es un fragmento de su intervención leída: “Debo confesar que padezco una enfermedad progresiva e incurable”.
El Sub es un mago de la palabra y del manejo de los medios masivos de comunicación. Está en una mesa larga, frente a un auditorio que se presume colmado de zapatistas. “Desde hace 30 años la padezco —continúa— (...) es la incapacidad de hablar frente a más de seis personas”.
Entonces baja aún más la tensión explicando que únicamente lo puede hacer “ocultándome detrás de un pasamontañas o unas letras”. Y remata confesando que “es probable que solo la he inventado, esa enfermedad”. Es que Marcos no es campesino. Estudió filosofía en la Universidad Nacional Autónoma de México, UNAM, y fue profesor de la Autónoma Metropolitana, UAM.
Escribe artículos y libros al por mayor. Se ha codeado con intelectuales como Paco Ignacio Taibo II y los fallecidos Carlos Monsiváis y Manuel Vásquez Montalván. El primero de enero de 1994 su Ejército Zapatista de Liberación Nacional, EZLN, se tomó cinco municipios de Chiapas. Desde entonces su figura camuflada se tomó también los medios del mundo.
Muchas palabras y consignas, pocas balas: esta revolución agrarista, heredera de Emiliano Zapata, el Che Guevara, la sabiduría maya, el maoísmo y el marxismo del italiano Gramsci figuró más por la estampa de Marcos a caballo que por sus hechos militares. El acto de este naciente 2025 fue la inauguración de unos “Encuentros de Resistencia y Rebeldía en Chiapas”.
Habla de otra enfermedad, “el olvido de lo inmediato, el síndrome de las redes sociales. La modernidad es la religión de la desmemoria inmediata. Para cada hecho, un olvido. En cambio, los mayas imaginaban todos los mundos en un mundo”. Aterriza en la actualidad: “Sobre Palestina hay una discusión entre el tamaño de los crímenes. Hamás o Israel, ¿cuál es mayor? ¿Hay crímenes buenos y malos?”.
Reta al auditorio: “Los pueblos zapatistas le dan gran valor a la palabra, expresada o escuchada. Responder es hacerse responsable de lo escuchado. Espero sus palabras. El tema es un crimen. ¿Quién es el criminal, el motivo, las víctimas? Los llamamos a descubrir al criminal en un trabajo de investigación policial. El criminal es un sistema que utiliza religiones, razas, colores, para perpetrarlo”.
Marcos fustiga, es retador, dice y desdice, descoloca al auditorio: “Una duda lanzamos, ¿y si nos equivocamos? ¿Si no es necesario destruir el sistema sino modernizarlo? Partamos de que no tenemos ni remota idea (...) Nuestra voz susurra”.