Escucha este artículo
Audio generado con IA de Google
0:00
/
0:00
Se ha operado una reconfiguración de los afectos después de elecciones. Aparecen en las pantallas un sinnúmero de mujeres jóvenes, pero de edades irreconocibles, que declaran públicamente su adicción irrestricta a corrientes políticas bien definidas. Son personas a las cuales los bandos electorales antes no les interesaban mucho.
Ahora sí. Pero este interés no es para ellas un dato frío. Al contrario, es una nueva pasión. Estas damas hablan con el alma en vilo, se están jugando una porción de la vida a la cual antes se asomaban tal vez con curiosidad, pero sin ardentía. Han comenzado a incurrir en un territorio vedado.
El hecho de que sean ellas quienes de manera mayoritaria expresen ahora esta exaltación pública está alterando la forma como la humanidad ha sentido y manifestado los afectos. Todas son jóvenes, es evidente que su apasionamiento las reviste de una juventud sin guarismos.
Ellas han llegado para quedarse, para darle fin a una realidad raquítica que conformaba un mapa de dos países, de un país a cada lado. Y como las mujeres no saben ingresar a comarcas desconocidas sin introducir en ellas la tremenda carga de sus entusiasmos, esta nueva incursión traerá sin duda una conmoción general.
En las redes sociales se atropellan, unas tras otras, para dar felices testimonios de las muchas maneras como quieren producir pequeños cataclismos en el caminado del país y el mundo. Es evidente que su presencia no es una carga bélica contra quienes por siglos han dominado la figuración y la dirección de la marcha pública.
Tienen una bandera muy bien cuidada. Es su pelo, con sus ondas, sus colores, sus movimientos mágicos. Es notoria la forma como se acarician la cabeza para introducir en su discurso este argumento corporal que los hombres mantenemos generalmente corto y ordenado a las carreras.
Para ellas es una invitación a hablar con toda la elocuencia que posibilita la naturaleza. Mientras ellas juegan ante la cámara con las ondulaciones capilares, de su voz surgen silogismos irrebatibles. Esta es otra de las potencias femeninas, que desde siempre se había utilizado para la seducción amorosa pero que ahora acompaña a las ideas y a las doctrinas.
La reconfiguración de los afectos, agenciada gracias a esta irrupción femenina, despeja campos muy fértiles para el quehacer de la política. No es que antes ellas estuvieran ausentes de la conducción de los destinos públicos. De hecho, a lo largo de la historia hay figuras femeninas muy destacadas en todas las latitudes.
Pero lo que hoy se está develando es la aparición pública de muchas de ellas, sin que se trate de profesionales de la política. Hoy ellas entran a participar en la vida cotidiana de los países desde posturas que antes eran asunto masculino. Y lo hacen con la frescura y naturalidad que desde antiguo aplican en el quehacer diario.
Esta presencia nueva se debe precisamente a la reconfiguración de los afectos, campo en que ellas son diestras e insuperables.
