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La reina y el Antiguo Testamento

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Arturo Guerrero
16 de septiembre de 2022 - 05:30 a. m.
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La reina Isabel lleva una semana tratando de morirse pero sus vasallos no dejan. La han llevado en carroza fúnebre de país en país, de catedral en catedral, de palacio en palacio. Sus posesiones multimillonarias la han sentido desfilar horizontal, con una extrañeza que no habían tenido en un siglo. Sus súbditos le ponen flores, con miedo de que se vuelvan siemprevivas.

Susana Boreal, ahora convertida en representante a la Cámara, es decir, en madre de la patria, la despidió sin saberlo, pocos días antes, entonando el Ave María de Schubert. Luego se disculpó por no haberse preparado bien para el momento. Además de directora orquestal, es gran cantante lírica y pocos lo sabían.

“Qué semana. Murió Gorbachov, la reina, revivió Pinochet. Histórico”, trinó Nicolás Pernett. Ante la desaparición comprobada de tantas celebridades, resolvió así desagraviar a los colombianos por la ligereza de su presidente que quiso atribuirle segunda vida a un muerto bien muerto.

Twitter también tiene un dios y no anda escondiéndose. Se hace llamar #DiosTuitero y el mismo día de la primera muerte de la reina, el 8 de septiembre, se pronunció: “Con la muerte de Isabel II damos por terminado el Antiguo Testamento”. De esta manera consagró el parteaguas trascendental que marcó para la humanidad la soberana omnipresente y omnisciente.

A manera de símbolo universal, la Casa Real haría bien en enviar a cada país del planeta uno de sus sombreros celeste o rojo. Es lo mínimo que merece el Nuevo Testamento en esta época descreída y superficial. El que le corresponda a Colombia podría vestirlo alguna cantante voluptuosa, en sus giras por las viviendas palafíticas del Chocó.

Jack Baltimore tal vez adivinó este posible destino de los tocados mayestáticos y quiso trinar con la siguiente compensación política: “Todos los medios de comunicación del mundo: Falleció la reina Isabel II. Revista Semana: Petro no pudo salvar a la reina, ¡FRACASO ABSOLUTO!”.

Entre tanto, el lugar más obsoleto del planeta es el de la guerra de Ucrania. Los innumerables rusos no han podido con el país dirigido por un comediante. Más de medio año de explosiones han quedado reducidas a osamentas férreas de tanques invasores, jineteados por niños ucranianos para conmemorar su día nacional.

Esta guerra queda en el Antiguo Testamento, es un anacronismo conducido por un jefe de contrainteligencia anacrónico. Putin perdió su aura heroica de cuando montaba a caballo con el pecho descamisado. Y ha quedado reducido a copia enclenque del cavernícola Stalin.

A la sombra de este batiburrillo mundial, el país de Colombia se queja de lo caros que están los limones, los huevos, los fertilizantes, las carnes, la energía y ahora la gasolina. Son las regalías del subdesarrollo, oportunamente traídas a Facebook por el libélulo César Álvarez quien cita al humorista peruano Sofocleto: “El problema del hambre consiste en tener que comer y no tener qué comer”.

arturoguerreror@gmail.com

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