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El pasado domingo electoral Colombia atardeció estupefacta. Le costó varias horas digerir la confusión de los resultados aritméticos. Había argumentos para opinar por A y por B. Lo cierto es que nadie sospechaba semejante sorpresa en números absolutos y en porcentajes.
Macondo recobró su naturaleza de locura premonitoria. Un país de experimentados encuestadores, eruditos panelistas, puntuales reporteros, se vio a gatas para acomodar sus destrezas a una realidad que se escurría como agua entre los dedos. Con similar ínfula se defendían la postura blanca y la negra.
Un tuitero perspicaz, Santiago Moure (@MamerMoure), había subido poco antes un trino que habría ayudado a despejar la nube turbia. “Lo peor que le puede pasar a Colombia —escribió— le está pasando hace rato”. De ahí había que partir en el análisis de una realidad centenaria y trágica.
Otro opinador de redes, @_GorioH, le había puesto carne y hueso a eso peor que está pasando hace rato. “50 lucas son las nuevas 20 lucas”, puntualizó, en el habla que comprende la mayoría joven de esta patria joven. Develó en siete palabras la angustia que los economistas no logran definir con una similar economía de lenguaje.
Los dos trinos habían sido publicados en El Espectador el día anterior a los comicios. Ahí estaban, encriptados, los secretos históricos y económicos de nuestra desolación. Sin embargo, nadie les puso reflectores para descifrar la turbación postelectoral.
Hace más de siglo y medio, en una Francia agitada ,sucedió el golpe de estado de un Bonaparte, descendiente del célebre e inmortal Napoleón, quien en el último año del siglo XVIII había protagonizado un golpe similar. Como era fácil de observar, y como había propuesto mucho antes Hegel, algunos analistas denunciaron que se estaba repitiendo la historia.
Entonces elevó su voz Carlos Marx dándoles razón, pero añadiendo un matiz trascendental: “La historia se repite dos veces. Primero como tragedia, luego como comedia”. Es como un calco de lo acaecido con el desenlace de la primera vuelta presidencial en la Colombia de las devaluadas 20 lucas, donde hace rato pasa lo que está pasando.
En efecto, sobre nuestra historia como tragedia, se repite ahora una tragedia semejante pero como farsa. El cambio proclamado por el candidato puntero fue sustituido en apenas dos semanas por la comedia de un candidato estrambótico, a cuyo caudal de inmediato se unieron los responsables de la tragedia de toda la vida.
Más aún, el supremo caudillo que en secreto maneja los hilos más sutiles de esta trama no logró disimular su apoyo al vociferante y bochinchero aspirante del espectáculo nacional. Napoleón había deshojado a varios napoleoncitos de ensayo, hasta que por fin dio con el exacto histrión de sus afectos. El jefe de los saltimbanquis sabe siempre caer parado.
Por eso hoy todos corren a juntarse con el director de la comedia, a su vez dirigido por los eternos dueños de la gala. Ya ni siquiera dan pan y circo, porque el pan esta muy caro. Les basta con la mojiganga.
