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¿Qué tiene que ver la actual guerra en Ucrania con un grupo de 40 enfermeras colombianas que el próximo sábado 5 de noviembre se reúnen en Bogotá para celebrar los 45 años de su grado profesional? Aunque usted no tenga ni idea, tiene mucho que ver.
La historia es larga, viene desde mediados del siglo XIX. Y remite al mar Negro, que separaba dos imperios. El del zar ruso Nicolás I, cuyo ejército de dos millones de hombres era el mayor del mundo. Y el Imperio otomano, que luego de su esplendor experimentaba un declive tal que la expansionista Rusia le había arrebatado la península de Crimea, en dicho mar.
Sí, la misma Crimea que, luego de otros avatares históricos, Rusia ocupó en 2014, primer episodio de la actual guerra en Ucrania. Pero entre 1853 y 1856 tuvo lugar la que se llamó guerra de Crimea, que enfrentó a Rusia con la otomana Turquía, aliada con Inglaterra y Francia. Estos aliados querían frenar el mencionado expansionismo.
Cornetas, lanceros, cañones, fusiles, caballos, humo. Fue una guerra como las napoleónicas, en que la desnutrición y las enfermedades causaron más muertes que las balas. Fue un adelanto de las dos guerras mundiales. Tras el lema de “Muerte o gloria”, cayeron decenas de miles de soldados. Desde Crimea, en barcos nauseabundos, los heridos eran llevados a cercanías de Estambul.
Hasta allá llegó, desde la Inglaterra victoriana, una joven de clase alta y salud delicada. En su país la enfermería era oficio degradante, de modo que estudió su profesión en Alemania. Era una apasionada: “Mi mente está obsesionada por el sufrimiento”, confesaba. Se frunció ante el caos, gritos, suciedad y sangre de los hospitales de campaña.
Airear, limpiar, cambiar sábanas, aislar con cortinas las cirugías, lavar a los pacientes, curar en el día y apoyar en la noche redactándoles cartas y consolándolos. Circulaba entre los mutilados con una lámpara de aceite que se volvió emblema. Florence Nightingale dio el primer paso para la profesionalización de su oficio.
Sin que lo buscara, se convirtió en celebridad. A su regreso, la reina Victoria la condecoró; “fue quien más me influyó”, confesó Henry Dunant, fundador de la Cruz Roja; fue declarada madre de la enfermería moderna. Domingo Marchena, del diario La Vanguardia de Barcelona, no hace mucho tituló una nota afirmando que en aquella guerra de Crimea “el único héroe fue una mujer”.
Pues bien, en 1939 el doctor Jorge Cavelier, presidente de la Cruz Roja Colombiana, fundó la Escuela de Enfermería, en convenio con la Universidad del Rosario. 42 jóvenes —dos ya fallecieron—, ataviadas completamente de blanco, con cofia, cinta negra y el símbolo de la mencionada institución humanitaria, recibieron su diploma profesional en diciembre de 1977.
La consagración a su oficio de acompañantes del principio y final de la vida, lo mismo que del dolor y la esperanza, hizo que solo se pudieran reunir de nuevo dos veces en la vida: hace 25 años en sus bodas de plata y este 5 de noviembre en sus 45 años de colegaje con Florence Nightingale.
