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Las elecciones y su desprestigio

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Arturo Guerrero
27 de febrero de 2026 - 05:00 a. m.
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Las elecciones próximas no se parecen a las que los votantes tienen en sus memorias. Primero por la cantidad exagerada de candidatos que aspiran. Al comienzo pasaban de cien, luego fueron disminuyendo y hoy cuando a duras penas falta una semana, todavía su número es abultado.

Unos pujan por algún puesto en las dos ramas del Congreso, otros por brillar hacia la mismísima presidencia de la República. Esta profusión de pretendientes deja viendo un chispero a los ciudadanos, que se preguntan cuántos contratos y cuántos empleos para repartir serán los premios para quienes resulten elegidos.

La avidez de tantos aspirantes por semejante recompensa queda manifiesta en la cantidad de denuncias periodísticas sobre la fila de familiares, amigos y clientes de los políticos que desde hace rato hacen propaganda y reparten volantes en apoyo a sus futuros favorecedores.

Nunca como ahora la política se ha presentado como la salvación de tantos desempleados y como el mecanismo de riqueza rápida de tanto hombre público y de sus familias cercanas y extendidas. Así, el ciudadano de a pie que no tenga entronques con los antes llamados padres de la patria se convierte en un incrédulo del sistema democrático.

Por eso las próximas elecciones no se parecen a las de antes. Los politólogos hablan de que la gente ya no aprecia la democracia y de que la juventud se va a abstener de dar su voto porque los muchachos vinieron al mundo con la claridad instalada de que los políticos son una lacra.

Se puede afirmar que las elecciones de este semestre destaparán a la luz pública la quiebra de un sistema que lleva décadas haciendo agua. Los analistas pontificarán que se descuidó el pensum educativo y que los maestros no supieron cómo enseñar las antiguas virtudes de una práctica inventada por los griegos.

Lo cierto es que los muchachos de hoy no comen entero y llevan años evidenciando la crisis de un sistema que sigue hablando del día de elecciones como un ritual cundido de trampas y amañado a la conveniencia de individuos avivatos que cada dos y cuatro años se dan maña para monopolizar las ventajas de aparecer como mayorías.

Se pensaba que las patrañas políticas eran monopolio de linajes vinculados a los partidos políticos tradicionales que por doscientos años se habían turnado los puestos altos del Estado. Pero sucedió hace cuatro años que el ascenso al poder de un grupo opositor, de izquierda, incurrió en las mismas anomalías, contrataciones, corrupciones y malas prácticas de sus antecesores.

Este desengaño histórico acabó de desmontar la fe en la democracia. Los buenos resultaron parecidos a los malos de toda la vida. Además, mostraron un manejo torpe de los asuntos del Estado. Y pretendieron defender sus ejecutorias contratando propagandistas y expertos en la imagen.

Las elecciones próximas, así, son una incógnita. El país se quedó sin modelos, sin referentes. Amanecerá y veremos, decían los antiguos para esquivar responsabilidades. En la actualidad, ni arúspices ni profetas tienen la palabra.

arturoguerreror@gmail.com

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Ricardo Fuentes(50084)Hace 1 hora
Amanecerá y veremos lo mismo.
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