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Las galaxias y el factor humano

Arturo Guerrero

15 de julio de 2022 - 12:00 a. m.

El telescopio espacial James Webb ha traído imágenes de cuando todo era niño. Poquísimos años luego de que ese todo dejara de ser nada, estas luces con estrellas de ocho puntas vienen andando por la inmensidad y nadie las había visto. Los físicos teóricos las habían calculado y los poetas invocado, pero esta semana se volvieron irrefutables.

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El Webb le añadió una consonante al nombre de la red mundial Web, que abarca la totalidad y almacena incluso nuestra manera individual de querer. Solo que esta malla engloba nuestra Tierra, mientras el espacio del súper telescopio incluye todas las tierras de las tierras, juntando a ellas las estrellas y galaxias.

“Fascinante, pero da como miedo”, exclamó el tuitero Jorge Salamanca Vilardy al comentar un hilo explicativo que misericordiosamente abrió el astrofísico colombiano Juan Diego Soler.

Hace treintaicinco años un colega británico de este, Stephen Hawking, había hecho honor a su apellido halconero en el célebre libro “Historia del tiempo. Del big bang a los agujeros negros”. Subió a las inmensidades con su mente y ecuaciones, para traer al entendimiento de los mortales una presa de cetrería.

Hela aquí: “la Tierra es un planeta de tamaño medio que gira alrededor de una estrella corriente en los suburbios exteriores de una galaxia espiral ordinaria, la cual, a su vez, es solamente una entre el billón de galaxias del universo observable”. El ave de cacería, el halcón, el Hawking, eludió su esclerosis incurable y regresó con el botín conjetural de la comprensión del universo.

Otro tuitero, Alfredo Celso, le pintó melancolía a la hazaña del Webb: “entre tantas galaxias, y yo solo”. Su reclamo al cielo es muestra de que los datos de la ciencia y la técnica serían mudos si no se les agrega el quejido del corazón humano. Todavía no tenemos noticia de marcianos que se nos parezcan, pero anhelamos que cuando lleguen traigan semillas de amor para replantar este escenario de guerra.

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El telescopio de moda fue tirado a la inmensidad el anterior 25 de diciembre, día en que diversas culturas conmemoran el nacimiento de sus dioses. Quizá lleve entre sus lentes una esquela con preguntas de raca mandaca para los altísimos: ¿las estrellas se estrellan? ¿las galaxias siguen vivas o hace tiempo viaja apenas su luz? ¿qué había antes del big bang? ¿los extraterrestres son tan complicados como los humanos?

Y este otro interrogante, formulado por Fabián Andrés, otro tuitero semejante a varios de sus colegas que se están convirtiendo en lumbreras instantáneas: “¿de dónde viene Alf?”. El personajillo alienígena de trompa acordeonada, caído con su nave sobre una casa gringa luego del estallido de su planeta, fue astro de ciencia ficción televisiva a finales de los ochenta. De ahí que la pregunta sobre su origen tenga validez para tantas mentes infantiles sobrevivientes.

Pues bien, miedo, soledad, ficción y en especial humor son complementos, desde el factor humano, a las elucubraciones de los científicos que vuelven pequeño el universo.

arturoguerreror@gmail.com

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