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Las vicisitudes de los días y los meses

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Arturo Guerrero
04 de septiembre de 2026 - 05:05 a. m.
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Este septiembre, junto con el pasado febrero, son los únicos meses que carecen de días festivos en ese año. Son meses raros, se salen de la normalidad en este país donde cada político intenta y logra consagrar jornadas a las vírgenes de su devoción, a los santos de siglos arcaicos o a ciertas festividades patrias.

Los empresarios y dueños de almacenes o negocios marcan caídas en sus libros de contabilidad y en silencio han de reñir con estos asuetos que representan frenos para sus ganancias. En cambio, los empleados y trabajadores a sueldo sonríen, pues les caen del cielo días de holganza, para dormir hasta tarde, jugar con sus hijos pequeños, ir a cines o simplemente no pensar en actividades obligatorias.

De modo que los funcionarios que tienen a su alcance proponer e impulsar nuevos días festivos seguramente miran con ganas a febrero y septiembre. Todos están enterados de esta circunstancia, pues es una de las oportunidades de pasar a la historia. Recuerdan el caso de uno de los más recientes fundadores de puentes festivos, Raimundo Emiliani, quien pasó a la historia por su hazaña de quitarle al año un día de trabajo.

El lunes Emiliani es recordado con gozo, además de consagrar para siempre el apellido del político. Haga usted un pequeño sondeo callejero sobre alguna iniciativa que haya promovido este hombre público, y comprobará que su nombre habita solamente la memoria de la alegría ociosa.

Está comprobado que los colombianos somos adictos al descanso. Que el día libre se asocia con la cerveza, un buen asado familiar, una tertulia de amigotes, la piyama, un sueñito adicional, tal vez un partido de banquitas en el barrio, y claro, el televisor encendido dando lora todo el día.

A los gomosos de los arreglos no les faltará oficio. Ese bombillo fundido que ya ladra por un cambio, la mano de pintura sobre la pared desteñida, los cajones desvencijados donde duermen el gato y el perro, el preparado contra los insectos que se reproducen como si fueran invencibles, las puertas que piden lubricación para que dejen de gemir y se porten como Dios manda.

Febrero y septiembre son los guardianes de la eficiencia y la productividad. Claro que febrero tendría que ser excluido de esta lista, puesto que apenas tiene veintiocho días. Esto equivale a gozar por lo menos de dos jornadas libres de obligaciones. Quedaría entonces septiembre como solitario campeón del trabajo parejo y sostenido.

Así, pues, en esta primera semana de septiembre estamos ingresando este año en el lapso del rendimiento mayor. Claro está que no faltarán los políticos que, al advertir esta circunstancia, se apresuren a competir con Emiliani para agregar a su apellido la fama perpetua de haberle concedido al pueblo más descanso precisamente en el mes que menos lo ofrece.

Estos son los avatares que agregan interés y expectativa cada vez que en los hogares se arranca la hoja del mes y aparece rozagante el nombre de los treinta o más o menos días siguientes. Es el molino del viento, de la luz y las tinieblas.

arturoguerreror@gmail.com

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David Valencia Cuellar(0vhxw)Hace 51 minutos
Que rico descansar en familia.......
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