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Lo que puede un cuerpo

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Arturo Guerrero
05 de febrero de 2021 - 03:00 a. m.
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Es viable doblegar este COVID-19, a partir de las meras fuerzas naturales del cuerpo. Esta herejía fue prefigurada hace 350 años por un filósofo judío que murió joven, a los 44, y que tuvo que publicar sus libros sin firma. En su tiempo fue maldecido por ateo, depravado, idólatra, vil y sacrílego.

En la sinagoga de Ámsterdam lo expulsaron del pueblo de Israel, con palabras espinosas: “Sea maldito durante el día y sea maldito por la noche, sea maldito cuando repose y maldito cuando se levante. Sea maldito cuando salga y maldito cuando entre”. Sus libros fueron prohibidos, además, por los calvinistas.

No obstante, ya entrado el XX, el también filósofo judío y nobel de Literatura francés (1927) Henri Bergson habría de declarar “todo filósofo tiene dos filosofías, la suya y la de Spinoza”.

Pues bien, la visión política del holandés Baruj -Benedicto, en español- Spinoza se adelantó en más de un siglo a la convulsión mental llamada Ilustración, gracias a la cual fue posible asestar el golpe decisivo a la monarquía. Lo suyo fue la “Ilustración radical”: Estado democrático, separación de Iglesia y Estado, libertad de pensamiento y expresión. Pulió cristales, cultivó la biología y la astronomía. Pensó a su dios como la sustancia infinita, equivalente a la naturaleza, de manera que esa divinidad es inmanente y no puede ser algo aparte del mundo. Descartó la idea de Descartes de que cuerpo y alma son dos sustancias, en su lugar postuló que son dos atributos de la sustancia única.

La conducta humana es algo propio de la naturaleza, sigue de forma necesaria las leyes eternas de la naturaleza. De ahí que el hombre no sea “un imperio dentro de otro imperio”. Es una superstición que el cuerpo se mueva o repose al mínimo mandato del alma y que todos sus movimientos dependan de su voluntad.

“Nadie hasta ahora ha determinado lo que puede un cuerpo, pues nadie ha conocido la fábrica del cuerpo”, postuló. Y argumentó con sagacidad: “los sonámbulos hacen en sueños cosas que no osarían hacer despiertos”. Por eso el cuerpo “puede hacer muchas cosas que resultan asombrosas a su propia alma”.

Esta es la almendra del razonamiento de Spinoza, que podría calificarse como una genial intuición. De hecho, las discusiones científicas del siglo XX acerca de las relaciones entre mente y cuerpo, tienen como trasfondo la importancia de las casi ilimitadas estructuras físicas, según afirman especialistas como Stuart Hampshire.

Cuando a propósito de la pandemia, se insiste en el peso que tiene el sistema inmunitario natural del organismo humano para contrarrestarla, se está secretamente rescatando la concepción del filósofo del XVII. ¿Será esta la razón de que la figura de Spinoza haya reconquistado la preeminencia que se le negó en su tiempo?

Un reciente libro de Editorial Pi, escrito y editado en Medellín sin fines lucrativos, indica que entre nosotros la hora de Spinoza es hoy. El autor de “Vermeer y Spinoza: Dos holandeses”, Álvaro Lobo Urquijo, es un economista y utopista nacido en Ocaña N. de Sant., que hace tiempos vive y reflexiona en Medellín.

arturoguerreror@gmail.com

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usucapion1000(15667)05 de febrero de 2021 - 02:29 p. m.
Baruch Spinoza, un racionalista que revolucionó la filosofía y la Teología. Su concepción de un Dios infinito, divinidad compartida por el hombre, golpeó a los dogmáticos judios pero hoy se reinvidica como un adelantado de su tiempo, por lo que es más que merecido el reconocimiento que en buena hora trae a colación A. Guerrero. Al fin se le hace justicia a Spinoza, mal calificado como ateo
Hugo(14000)05 de febrero de 2021 - 02:29 p. m.
Interesante.Sobretodo por recordar algo del pensamiento de Spinoza,cada vez más actual.
  • Hugo(14000)05 de febrero de 2021 - 02:31 p. m.
    Y por los grandes recursos del cuerpo humano,algunos cuyos límites no se conocen y otros probablemente desconocidos o no utilizados.
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