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Los indecisos, terceros en discordia

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Arturo Guerrero
20 de mayo de 2022 - 05:00 a. m.
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Las encuestas electorales muestran que los indecisos alcanzan el 15% y que ocupan el tercer lugar, detrás de los dos candidatos punteros. Si a este porcentaje se le suma el del voto en blanco, tendríamos un 20% de colombianos al margen de las actuales banderías políticas.

Después de tantos meses de propaganda por parte de los numerosos actores, la elevada cantidad de potenciales votantes que no han sido convencidos por ninguno es un campanazo ineludible. Hubo oferta para todos los gustos, se depuró con las elecciones de las consultas, se simplificó con la renuncia de candidatos menores. Al final se redujo en la práctica a cuatro nombres.

No obstante, este despliegue de oferta no convenció a los indecisos de hoy. Se dirá que así ha sido la historia electoral en Colombia, que somos un país de cabeciduros. Pero nunca antes se había llegado a niveles de propaganda tan intrusiva. La tecnología de comunicaciones marcha a mil por hora.

Los expertos consideran que la gente vota, movida no por ideas, sino por emociones. Pues bien, en esta ocasión las emociones han estado de infarto. Dos polos adversos han jalado cada uno para su lado, ambos intentando desprestigiar al contrario para concitar a su favor una hinchada sectaria y furibunda.

¿Qué político lograría levantar mayores emociones que las que hierven en esta contienda fieramente polarizada? Sin embargo el 15% de quienes votarían están indiferentes, ignoran para dónde coger. Tal vez los paraliza otra emoción: el miedo. Están como en esas apuestas de niños, cuyos reglamentos explican: “si dices blanco, yo gano; si dices negro, tú pierdes”.

Ante esta sin salida, los dudosos tampoco echan de ver si votan a favor de alguien o en contra del alguien antagónico. Casi siempre nuestra experiencia política ha optado por el voto en contra. Apoyar sin entusiasmo al menos malo, con tal de que no gane el decididamente malo. Para guardar consonancia con los clanes del presente se diría “favorecer a Otoniel, para que no repita Chiquito Malo”.

Sea lo que sea, los inseguros en las justas de la semana entrante son colombianos con ciudadanía padecida toda una vida. Conservan el derecho a pensar y a comportarse de acuerdo con sus temores e inteligencia. El hecho de ser “Ni Ni” no los invalida ni los tendría que someter por fuerza al matoneo de amigos y familiares.

No se han dejado doblegar por Twitter y el vacilante coqueteo de Elon Musk, por el Metaverso de Zuckerberg, por los bailes y disfraces chinos de Tik Tok, por los paisajes sofisticados de Instagram. Tampoco han sucumbido a las bodegas fabricantes de embustes disfrazados de noticias. Frente a los medios masivos del XX, les basta saber que, con excepciones heroicas, hoy son piezas de los pulpos económicos que tienen los pies en la cabeza como sus pares oceánicos.

Los irresolutos tal vez son nietos de las madres arrugadas que rezaban en el folleto de la novena navideña aquella exhortación a “la prudencia que hace verdaderos sabios”.

arturoguerreror@gmail.com

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