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Hay un candidato inflado como se infla un globo. En quince días lo elevaron a figura nacional, sin que él mismo haya tenido algo que ver. No era nadie o casi nadie fuera de su ciudad que alguna vez dirigió. Su mayor mérito es la semejanza con los actores naturales de las películas de Víctor Gaviria. Específicamente con el Zarco.
Su imagen de campaña es la cabeza alborotada. Una ficción de naturalidad estudiada pelo a pelo. Su segundo mérito es el intento de imitar las piruetas de aquel a quien quiere suceder, la veintiuna, balón en la espalda, cabecitas, esas hazañas callejeras del fútbol. El callejón, escenario predilecto de su seducción.
¿Con tan poca sustancia, cómo fue inflado? Con cachuchas costeñas, vallas por montones, adhesiones de los grandes heliotropos, encuestas para subir la cuesta, periódicos, y noticieros comprados por los grupos económicos. En la tras escena complotan los influenciadores, los consultores internacionales, los jota jotas que aconsejan poses y voces al milímetro.
Es una maña y una argucia esto de impactar el corazoncito de las mayorías. Aprovechar cualquier traspié del adversario principal y, si no hay traspié, provocarlo. Es el entrampamiento, saber poner el cebo en el momento exacto cuando el ratón está hambriento. Apenas el bicho huele, ¡zas! salta la guillotina y adiós honra ajena. En seguida se cobra la victoria con una denuncia ante los medios.
Las encuestas políticas son la pieza maestra. Si una arroja datos inconvenientes, para eso hay otras que bien aceitadas fabricarán muestras bajo medidas beneficiosas. Además, cada cual leerá el resultado que quiera leer, hay para todos los gustos. Si el candidato es de tal región, se le tiene una población de paisanos que con seguridad apoyarán su opción.
La correa de transmisión de tamaño entramado son los medios. Los antiguos periódicos y revistas que incluso ahora regalan la suscripción. Sus nuevos dueños entienden que como negocio son pésimos, que siempre tendrán que subsidiarlos.
Pero también saben que la molienda de noticias y opiniones genera poder político y moldea el sentir de la sociedad. Y esto es un oro puro que no se compara con ninguno. Los medios insuflan el aire y el gas para hacer volar cualquier petardo. Lo importante de un globo no es el caucho, sino esa emanación que lo eleva y le permite encumbrarse sobre la humanidad doliente.
Tan pronto el candidato inflado comienza a volar, los jefes naturales de los partidos de hace doscientos años se apresuran a besar su mano. Es un gesto patriótico, claro está, igual al de sus antepasados azules y rojos que sin falla ganan cualquier contienda.
De eso sí saben, de torcer su patriotismo en el momento oportuno y hacia la corriente que les asegurará contratos y prebendas para ellos, sus hijos y cercanos. Que viva la democracia, tan generosa para unos pocos y tan tacaña para las mayorías.
Allá va el globo, sube sobre los cerros. Ayer no era nadie, hoy lo es todo.
