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Saber exigir, saber dar


Arturo Guerrero

03 de mayo de 2024 - 04:05 a. m.

A raíz del planteamiento de esta columna el viernes pasado, bajo el título “Pronóstico verosímil para el 2026”, surgieron numerosos comentarios. Se sugería en ella que, como están hoy las cosas de la política, no se descarta un cambio del color rojo al azul en la Presidencia de la República.

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En un último párrafo se sugería que ante esta perspectiva no todo sería negativo, pues los azules que han gobernado durante doscientos años podrían recapacitar, temerosos del recuerdo de los estallidos sociales, y retomar el Gobierno con mayor conciencia social y el propósito de que Colombia deje de estar entre los países más desiguales.

¡Quién dijo miedo! Estalló el foro del periódico con expresiones como “iluso”, “eso no se lo cree ni Mandrake el mago”, “deseos vanos”, “el que es no deja de ser”, “soñar no cuesta nada”, “pensando con el deseo”, “si regresan los buitres volverán a acabar con todo lo que se han robado en estos años”, “no se haga ilusiones vagas con que ese lastre de personajes volverán honrados”, “los azules traerán más corrupción y un baño de sangre”.

Una lectora, identificada como Rosa Delia Figueroa, entrevió el fondo del planteamiento. En un correo electrónico escribió escuetamente: “El país y el mundo han cambiado. Ojalá lo que se vive ahora sirva de experiencia para unos y otros: unos para fortalecer su capacidad de exigencia y otros su capacidad de dar”.

Tomar experiencia de lo que se vive. Eso equivale a ir conociendo lo real punto por punto. De hecho, la confrontación que sufre este país polarizado se debe, en buena medida, a haber tomado al pie de la letra teorías de economía política derivadas de visiones pobres sobre la historia, las reivindicaciones y las luchas sociales.

Algunas de ellas inflan hasta el hartazgo la importancia de la economía, como si todo en la sociedad se pudiera explicar por la producción, el consumo, el mercado, el capital y las mercancías. Así, dejan a un lado como insignificantes el peso de la cultura, los sentimientos, los caprichos de la casualidad y los sueños, el pegante de la amistad, las sinuosidades del alma...

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Al rescatar estos imponderables humanos, se observa que no hay leyes de la historia que todo lo descifren. Que el arte dice, en tres palabras, dos trazos y cuatro compases, lo que no pueden decir la política ni las teorías. De ahí que sea más sabio otear los cambios del país y el mundo. Y sentir lo que se vive ahora para extraer experiencias.

Aquí brillan las palabras llanas de la corresponsal cuando asigna tareas: “Unos fortalecer su capacidad de exigencia y otros su capacidad de dar”. La única opción de exigencia no es la lucha. La seducción, el tacto, la presión de las buenas maneras son maneras sutiles y eficaces de exigir.

En cuanto a la capacidad de dar, es viable que esta se clarifique y acreciente no solo gracias al razonamiento, sino merced a resortes internos de humanidad que hagan ver el alivio y recompensa interior derivadas de la generosidad y del trabajo conjunto hacia un linaje radiante.

arturoguerreror@gmail.com

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