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Un aire nuevo y desconocido

Arturo Guerrero

05 de junio de 2026 - 12:00 a. m.
“Lo cierto es que se respira un aire nuevo y desconocido. Siempre aquí había reinado la apatía en asuntos públicos”: Arturo Guerrero.
Foto: El Espectador
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Hay cambios sorprendentes en la nación. Los resultados de las elecciones colombianas para presidente eran bien difíciles de predecir, y de hecho los guarismos dejaron pasmados a los observadores. Diez mil votos por cada uno de los ganadores parecían propios de un país desarrollado.

Las abultadas cifras fueron el grito de unas nuevas ciudadanías. Para empezar, quedaron atrás la centenaria abstención y la indiferencia que habían caracterizado estas justas democráticas. Los puestos de votación recibieron votantes hasta última hora y no fueron pocos los que vieron frustrada su intención, por llegar tarde o no cumplir los requisitos.

Fue un despertar del fervor político, adormilado desde hace decenios. ¿Quiénes protagonizaron este entusiasmo? ¿Qué los motivó a pronunciarse en esta ocasión? ¿Fueron los jóvenes los nuevos actores? Los politólogos comparan estas justas con las de años anteriores, señalan coincidencias y diferencias.

Pero lo cierto es que se respira un aire nuevo y desconocido. Siempre aquí había reinado la apatía en asuntos públicos. En esta ocasión hubo empuje, deseos de un cambio, la gente acudió a un llamado misterioso. Y los guarismos acertaron en sumar decenas de miles de votos, no de uno sino de los dos contendientes punteros.

Como si lo anterior fuera poco, el ganador en cifras aventajó en quinientas mil al segundo. Y este era el que se suponía iba a resultar campeón, por ser de la capital, por ser continuador ideológico del gobernante que está de despedida y contar con su apoyo manifiesto.

Sucedió que quien aglomeró más sufragios fue un recién llegado a la política, un costeño dedicado desde siempre a la defensa jurídica de personajes que le pagaron elevadas sumas, un dandi esmerado en sus atuendos, y alguien con nacionalidad y base en Italia. Es decir, alguien sin nada que ver con los modos de los aspirantes locales.

Es como si un espíritu de innovación y rebeldía se hubiera tomado las mentes y los impulsos de los nacionales, hasta ponerlos de acuerdo para dar una sorpresa. Como ocurre con los sucesos trascendentales de la historia, la reacción de los colombianos no fue programada y nadie puede atribuirse su autoría.

Claro está que los politólogos echaron mano de sus veteranas sabidurías, para confrontar estas elecciones con otras y extraer por contraste conclusiones contundentes. Varios de ellos se colgaron del caso de un desconocido y añoso político de provincia que estuvo a punto de reunir votos suficientes, antes de que la muerte le diera un veredicto supremo.

Queda pendiente una segunda vuelta, para saber si el espasmo sucedido el domingo pasado fue un signo novedoso o un simple error de cálculo protagonizado por votantes que confluyeron en casi idénticos ganadores. Es difícil anticipar lo que ha de suceder, pues la política no se deriva de ninguna ciencia exacta. Además, los impulsos de las masas suelen escapar tanto de quienes pretenden programarlos como de los analistas que a posteriori exhiben una sabiduría lastimera.

arturoguerreror@gmail.com

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