Geoff Dyer (1958) es un escritor británico residente en California. Estuvo en la última Feria del Libro de Bogotá donde fue entrevistado en público por Marianne Ponsford. Habló de un extraño libro donde mezcla narración, ensayo y reportaje, combinación que es su especialidad.
"¿Qué clase de escritor soy yo, reducido a escribir el resumen de una película? En especial puesto que pocas cosas odio más que cuando alguien, intentando convencerme para que vea una película, comienza a resumirla, a explicar el argumento y, de este modo, a destruir cualquier posibilidad de que alguna vez la vea": así se lamenta hacia la mitad de ese tomo de casi 200 páginas.
Aumenta la extrañeza en el siguiente renglón: ¨en mi defensa diré que ´Stalker´ es una película que puede resumirse en un par de frases¨. De modo que, aclaró, ¨esto es lo contrario de un resumen; es una ampliación y una expansión¨.
El título de la obra se agota en una palabra, ¨Zona¨ (Random House Mondadori, 2012). El subtítulo es más elocuente: ¨Un libro sobre una
película sobre un viaje a una habitación¨.
Dyer vio por primera vez la obra maestra del ruso Andrei Tarkovski (1932-1986) cuando tenía 21 años. ¨No fue un ejemplo de amor a primera vista, -recuerda-: la primera vez que vi Stalker me dejó algo aburrido e indiferente. No me abrumó (por decirlo de un modo algo tonto, no tenía ni idea de que, treinta años después, terminaría escribiendo un libro entero sobre ella), pero fue una experiencia que no pude quitarme de la cabeza¨.
La persiguió en salas comerciales, cineclubes, asistió de modo infatigable a las tres horas tardas de su duración. Se convirtió en adepto del poeta del cine, del artista romántico que al cabo del encanto le suscitó la siguiente apología: ¨el cine se inventó para que Tarkovski pudiera hacer Stalker, … nuestra mayor deuda con los hermanos Lumière es que hicieron posible que se rodara esta película¨.
El filme, realizado en 1979, se apoya en la destrucción causada por un meteoro a comienzos del XX en Siberia. El director recoge la leyenda generada en torno de esa zona para transformarla en una historia de anchuras insondables. Espacio, tiempo y objetos transparentan fuerzas escondidas en sus formas ordinarias. Los hombres son tensos testigos zarandeados.
El cine es entretenimiento y la acción es fuente de incógnitas. Pero Tarkovski no es Hollywood. Arroja sobre el alma del espectador íntegra la zozobra, le da las riendas. Por eso Dyer hace énfasis en "su capacidad casi infinita de generar duda e incertidumbre (y, extrapolando, maravilla)… siempre está pasando algo o está a punto de pasar o podría pasar. La Zona es un lugar –un estado- de mayor alerta".
Bogotá es afortunada. La próxima semana, en dos únicas funciones, se reestrenará Stalker restaurada, en el marco del Festival de Cine Independiente IndieBo3. Será ocasión para comprender por qué Geoff Dyer, al repasar tantas partes de esta película, admite que "me parece tan intensamente conmovedora que no puedo verla sin que se me llenen los ojos de lágrimas".
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