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En la cascada de mensajes bobos, deseos flojos y felicidades repetidas hasta el infinito, se filtró en redes a finales de año un video español lleno de originalidad y humor. Tal vez venía de otros años en que ya se había visto, pero su frescura lo conserva intacto. Es una crítica dramatizada a los recientes fanatismos.
Su argumento cabe en menos de dos minutos y gira en torno de un pesebre callejero en vivo o Belén viviente. La cuna, el heno, la mula, san José y María en atuendo nazareno. En sucesivos embates irrumpen personajes muy serios y convencidos de la única verdad de su militancia en lo políticamente correcto.
Inicia un hombre cejijunto que se identifica como miembro de la Asociación Animalista. “Es una vergüenza —ruge—, vengo a defender los derechos de esta pobre mula explotada”. La jala del lazo y se la lleva sin escuchar la defensa de la Virgen: “¿Explotada? Si come cinco veces al día, más que yo”.
“Este Belén viviente es un atentado a la igualdad de género”, increpa luego una joven de la Asociación por los Derechos de la Mujer. “San José de pie y usted sentada —manotea hacia María—, dando a entender la superioridad del hombre. Fiel reflejo de la sociedad patriarcal”. Y ordena con un gesto que los dos deben estar a la misma altura.
Abundante en palabras, interroga: “¿Por qué hay dos hombres y una mujer?”. Tras la aclaración de María de que el niño es hijo único, la muchacha insiste en que es un caso de típico machismo. “¡Se acabó! —exclama—. A partir de ahora tendremos también a la niña Jesusa”. Y ubica una muñeca rozagante en la apretujada cuna. “Así todos los géneros estarán representados”, concluye con sonrisa triunfante.
Ingresan luego un afro, un latino y un asiático, en atuendos característicos. Su guía critica que este pesebre no refleja la diversidad étnica y que le convendría incluir un par de latinos, que harían villancicos en plan reguetón. “¡Fuera!”, grita la Virgen ahuyentándolos hasta la calle.
Al regresar no encuentra a san José. En su lugar, un hombre conduce a una adolescente y aclara en su jerga: “Queremos demostrar que una pareja homoparental también puede criar al hijo de Dios”. Con recato le confía a María que la muchacha no es virgen, mientras esta le lanza besos y le guiña el ojo a la desconcertada madre de Dios.
Al final uno no sabe cuál de los entrometidos resulta más estrafalario, pues la risa es un ácido corrosivo que no deja títere con cabeza. El video habla más alto que decenas de tratados contra la ceguera que tiene dividida a la sociedad del XXI. Los diversos delirios que hoy pretenden pontificar sobre lo que es políticamente correcto resultan reducidos a carcajadas purificadoras.
Esos bandos se escudan en que sus dogmas son profundamente políticos. La palabra “política” parece cobijarlos a todos con su bendición. Los excesos y aspavientos de sus militantes se arropan bajo una línea irreprochable que supuestamente los preserva de problemas o desviaciones ideológicas. No advierten que ellos mismos son el problema.
