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Viejas amistades que resucitan en estas fechas

Arturo Guerrero

02 de enero de 2026 - 12:06 a. m.

En estos días equilibristas entre los años se rebobina la vida entera. Desde las infinitas maneras de comunicarse que ofrece hoy la tecnología, la gente recibe y envía los saludos de la nostalgia. Así aparecen de nuevo amigos y conocidos de los que uno no tenía noticia hace rato. Las fiestas y vacaciones se atropellan sin dar pausa y todo el mundo se pone nostálgico.

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Entonces se acumulan los mensajes que las mismas celebraciones no dejan responder de inmediato ni con el reposo que merecen. Todos quisiéramos volver a abrazar a estos aparecidos de hace veinte, treinta o más años. Son girones de la vida que uno había archivado en un registro ya pasado de moda.

Apenas llegan, estos guiños de antaño reordenan las prioridades del presente y vuelven a salir a flote memorias que pujan por tomar la importancia que tuvieron hace tiempos. Son duendes que se niegan a evaporarse. Tan pronto reaparecen de la nada, dan muestras de buena salud y retroalimentan experiencias de cuya vitalidad ni siquiera sospechábamos.

Somos lo que somos, sumados a lo que fuimos. Si estas resurrecciones traen un sabor desabrido que creíamos saldado, su fantasma nos obliga a volver a vivir esa agriera tal vez con el objetivo de que logremos alguna reconciliación con hechos y personas. Son los mecanismos de la memoria, que no suelen perdonar fácilmente los estropicios antiguos.

Este es un segundo round que concede la vida, para emendar una página. Los hechos y sus circunstancias nos siguen acompañando y es posible que nos den la segunda o tercera oportunidad hacia las paces definitivas con sus protagonistas.

Por fortuna también resurgen gentes y sucesos emocionantes. Estos son los más frecuentes en estas fechas límites entre años, pues el ambiente es propicio a la fiesta y las celebraciones. La fotografía del viejo amigo ya no nos dice mucho porque la edad no perdona. Pero el nombre sí, lo mismo que la alusión a algún evento que compartimos hace rato o a conocidos comunes a nuestros afectos o a empresas que emprendimos en conjunto.

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De improviso aparece el saludo de navidad o año nuevo, o la referencia al país extranjero al que se trasladó el antiguo compinche, o la sonrisa de sobrinos y nietos de los que no teníamos noticia. Entonces rápidamente la memoria traslada los nuevos datos a aquellos años en que fuimos felices e indocumentados.

El mundo se nos amplía con esta nueva prole. Esos niños podrían ser nuestros niños, en esos viajes tal vez también caminamos por las mismas calles. Así que entran ganas de programar una, dos, tres reuniones con otros tantos grupos de amigos reaparecidos en pleno fragor de navidad, año nuevo, inocentes, reyes, etc. etc.

Los colombianos no nos perdemos cuando en nuestro corazón revive la memoria de antiguas complicidades y cariños. El riesgo consiste en que no nos alcance el tiempo para acoger todas las resurrecciones de viejas amistades que piden pista en estas mismas fechas. Somos amigueros, fiesteros. A nadie se le niega un abrazo.

arturoguerreror@gmail.com

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