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25 Nov 2022 - 5:30 a. m.

Cano

No es solo un apellido. Es una estirpe de periodistas construida en función de la entereza de carácter, la honradez intelectual y la independencia política. Sus miembros son protagonistas de la historia de Colombia desde hace 150 años. Su fundador, Fidel Cano Gutiérrez, periodista por nacimiento y por vocación, fundó también El Espectador, con el objeto de servir a una política y, además, a una ética. Perseguido por la Regeneración y encarcelado por el régimen, mantuvo su línea crítica frente al autoritarismo de los gobiernos de su época.

Fidel Cano fundó la estirpe, en el siglo XIX. Fidel Cano la conserva, en el siglo XXI. El bisabuelo y el bisnieto, ambos periodistas, unidos más allá del tiempo en un protagonismo emancipado, también se unen en el periodismo responsable que sobresale sobre vivezas que abundan en los tiempos que corren. Fidel Cano Gutiérrez, el bisabuelo, puso su periódico a trabajar en bien de la patria con criterio liberal y en bien de los principios liberales con criterio patriótico. Fidel Cano Correa, el bisnieto, comprometido con similares propósitos, acaba de recibir el Premio Simón Bolívar 2022 a la Vida y Obra de un Periodista.

Luis y Gabriel Cano significaron el valioso tránsito del periódico antioqueño al periódico colombiano. Luis fue su director durante tres décadas. Designado ministro de Gobierno, en 1934, por el presidente Alfonso López, decidió declinar el nombramiento. Fue director del periódico hasta 1949, cuando le sucedió su hermano Gabriel, quien enfrentó las adversidades de la violencia del medio siglo y la censura a que fue sometido por la dictadura.

Como lo anotó Fidel, hace una semana, al recibir el premio, más que el hermano de su padre, Guillermo Cano Isaza fue “el timonel y guía de un barco que había superado tormentas innombrables durante 100 años, pero que entonces parecía capaz de sucumbir ante el poder inusitado de unos criminales sin límites que le habían declarado la guerra”. Lo conocí gracias a dos tolimenses que, de manera diversa, orientaron a mi generación cuando ingresó a la actividad pública en la provincia de mis mayores. Con Alfonso Palacio Rudas y Rafael Caicedo Espinosa lo visitamos por allá en 1982 y, amablemente, me vinculó al periódico como columnista. Me enorgullece decir que escribo en este diario desde hace 40 años.

Carlos Lleras de la Fuente me designó en el Comité Editorial. Gracias a él, conocí a dos personas admirables: Julio Mario Santo Domingo, la más auténtica simbiosis de intelectual-empresario, y Fidel Cano Correa, la generosa personalidad que tiene a bien mantener vigente aún mi vinculación al periódico. Fidel no es partidario de satisfacer audiencias; prefiere satisfacer la verdad. Su periodismo interpreta el complejo entorno del país y del mundo, pero rechaza la lisonja al poder y sabe cuándo se debe ser crítico. En un planeta binario, cada día más propenso al blanco y negro, Fidel valora los grises y privilegia la información transparente sobre la manipulación. Ciertamente está a la altura de la herencia.

Oyendo a Fidel pronunciar sus brillantes y conceptuosas palabras al recibir su premio, descubrí el hondo sentido de la historia que acompaña a Gonzalo Córdoba Mallarino. Cuando presentó a Fidel como la persona que iba a “decanizar” el diario de los Cano, se me antoja que estaba diciendo otra cosa: es imposible “decanizar” el periodismo independiente de Colombia.

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