Una columna de prensa del jurista Hernán Olano García me llevó hasta un libro del historiador Antonio Cacua Prada, y éste a la vida del dirigente caribeño Cerveleón Padilla Lascarro. Al leerlos se confirma que la historia colombiana es una suma integrada de sus sucesos comarcanos. Colombia es un país de regiones y sus líderes son más auténticos en cuanto más conciencia tengan de su identidad regional y en cuanto mejor quieran proyectarla sobre un escenario de unidad en la diferencia. Ese mensaje subyace en el libro y emerge del periplo vital de aquel ilustre colombiano.
No es un libro común, porque no es común la vida de su protagonista. Nació en El Banco, Magdalena, y vivió en función de lo que significa interpretar a sus paisanos y representar a una región que gira en torno a la confluencia de los ríos Magdalena y Cesar. Allí se levantó, a base de esfuerzo y de superación Cerveleón Padilla Lascarro: Empezó cortando caña para hacer panela y se convirtió en hacendado de Chimichagua, en activo dirigente de su partido conservador y en miembro del Congreso Nacional.
Su biógrafo anota que, por línea paterna, los ancestros de “don Cerve”, como lo llamaban sus paisanos, proceden de África, y por vía materna de Europa. José Prudencio Padilla y Leopoldo Lascarro serían las figuras insignias de los dos apellidos del biografiado. En todo caso “Don Cerve” fundó su propia estirpe, honrada por sus descendientes, elogiada por quienes la conocen y enaltecida por su hijo, el jurista Cerveleón Padilla Linares, actual magistrado del Tribunal Administrativo de Cundinamarca.
El libro recorre sucesos que tuvieron como epicentro a Chimichagua, y plasma en sus páginas la devoción de Padilla Lascarro por esa patria chica, que se mece entre la playa y la luna, y por esta patria grande, abierta hacia un horizonte infinito. “Don Cerve” forma parte del paisaje espiritual y humano, inmenso y cálido, de Chimichagua. Como José Barros, como La Piragua, como Guillermo Cubillos. Los tres fueron parte de su vida y él fue parte fundamental de la vida de su provincia.
Formado en la escuela de los autodidactas, nutrió su inteligencia y fortaleció su capacidad de servicio en la universidad de la vida. Las regiones en Colombia son hijas de los autodidactas. Ellos construyeron país porque construyeron empresa, porque tuvieron sentido de superación, porque fueron capaces de formar a otros, mientras se formaban a sí mismos. Así eran los autodidactas: Don Pepe Sierra en Medellín, don Gumersindo Gómez Caro en Ciénaga, Boyacá, don Manuel Carvajal en Cali, Don Cerveleón Padillla Lascarro en Chimichagua. Templaron su carácter a través del esfuerzo personal y defendieron, con denuedo, valores que descansan sobre el trabajo y la solidaridad. Por desgracia, tales virtudes están colapsando en este turbión de pendencias, intereses encontrados y contaminaciones.
Cerveleón Padilla Lascarro fue un hombre-símbolo de Chimichagua. A él se deben muchos factores de progreso regional y, sobre todo, un ejemplo pertinaz de concordia ciudadana. Devoto partidario de Laureano Gómez, pero admirador de Jorge Eliecer Gaitán, al mismo tiempo, acompañó a Álvaro Gómez Hurtado en sus críticas al régimen y en su tesis del acuerdo sobre lo fundamental. Fue un clásico líder político del siglo xx. Afirmativo en la defensa de sus tesis, sensible frente a las dificultades de los demás y conciliador con el adversario. Por eso no tuvo enemigos.
El político del Magdalena Hugo Escobar Sierra, escribió sobre él, por allá en la mitad del siglo xx: “Es un hombre de rostro bronceado y sonrisa cordial. Es el caudillo de una comarca que tiene sede en Chimichagua para extenderse con la firmeza y el acento de sus ejecutorias, a toda una región que ve en él al hijo epónimo de sus sueños y con quien luego se presenta ante todo el panorama del departamento con voz propia”. A su vez, el exgobernador del Cesar José Antonio Murgas, al obsequiar un libro de su autoría al magistrado Padilla Linares, sobre la creación del departamento del Cesar, lo dedicó al “inolvidable vocero y caudillo Cerveleón Padilla Lascarro, cuya memoria inmensa ilumina para siempre el bosque, la laguna de la Zapatosa y los recintos verbales de la política del Cesar y del Magdalena Grande”. Sí. Fue un auténtico constructor de país.