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Depende de usted

Augusto Trujillo Muñoz

18 de febrero de 2022 - 12:00 a. m.

El debate doctrinario en Colombia está desapareciendo. El Tolima, mi patria chica que fue tierra de grandes doctrinantes, ya no debate ideas. Su centenaria tradición liberal terminó pintada de azul, pero sin ideas azules. Tampoco tiene ideas rojas, ni verdes, ni de ningún color. Es una región cuyos dirigentes no exponen ideas. Solo conciertan negocios electorales. Es lamentable ver que quienes formulan propuestas serias en esta campaña se cuentan en los dedos de una mano, comenzando por los candidatos presidenciales. Pero es lo que ocurre cuando la política deja de ser el arte de gobernar y se vuelve la industria de ganar elecciones.

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La política tolimense está manejada por una familia conservadora cuyos miembros no debaten ideas. Como no las debaten los Char en Atlántico, ni los Aguilar en Santander, ni los demás clanes familiares de los demás partidos en las demás regiones. Desde la segunda mitad del siglo XX las hegemonías secuestraron la política. Algunas son las mismas de entonces, otras son nuevas y otras más terminaron apropiándose de los partidos nacionales. Todas tienen inmensa responsabilidad en el creciente avance de la corrupción, de los populismos, de la degradación del ejercicio electoral. Esa urdimbre afectó el sentido de pertenencia e incluso el sentido de las proporciones.

Lo primero, porque el elector se torna aprensivo frente a la importancia de lo político y, en consecuencia, desestima la idea-fuerza de lo regional. En el tránsito de dos siglos, el Tolima resultó timorato para respaldar al Cofrade Palacio Rudas o al exgobernador Eduardo Aldana, candidatos de excepción a la Asamblea Constituyente, pero originados por fuera de cualquier seno hegemónico. Años después se repitió la historia con Alfonso Gómez Méndez, otro ilustre tolimense que honra al país. Las hegemonías menosprecian la dimensión intelectual de las personas. Es preciso neutralizarlas para que la política vuelva a ser patrimonio del ciudadano común. En este desierto de ideas se impone recuperar, desde el Congreso, el hilo perdido de los doctrinantes de la Escuela del Tolima. No dudo que, hoy, Guillermo Pérez Flórez puede contribuir a lograrlo.

El entramado de corrupción también afecta el sentido de las proporciones: ¿Se han preguntado los colombianos cuál de los candidatos presidenciales está formulando propuestas serias o debatiendo ideas y cuáles forman parte de esa medianía intelectual, responsable de nuestra penosa medianía internacional? Si hubiera algún grado de seriedad en las hegemonías de hoy, probablemente personas como Char, Dilian Francisca, Fico y Rodolfo, o incluso Fajardo, Barguil y Gaviria, que pueden ser mejores que aquellos, no serían candidatos presidenciales.

Es más: La consulta presidencial en curso ensombrece y distrae el debate regional, que es donde las hegemonías familiares se enseñorean entre su ofensiva carencia de ideas y su ofensiva abundancia de dinero. No se sabe qué es peor, si la pérdida del sentido de pertenencia o la pérdida del sentido de las proporciones. Pero es claro que la prioridad para los colombianos, en este momento, son las elecciones al Congreso. Ahí radica el control político. Resulta clave: El país necesita un Congreso que no se deje cooptar, cualquiera que sea el presidente. Eso solo es posible si usted elige un buen Congreso. Depende de usted.

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