26 Nov 2021 - 5:00 a. m.

El pensamiento como obsesión

Hace 47 años, en el diario El Espectador, el arquitecto tolimense Alberto Mendoza Morales inició la publicación de una serie periodística que casi terminó convertida en una empresa. La idea surgió en un diálogo de Mendoza con su amigo Fidel Cano Isaza, quien lo estimuló a investigar el ADN de su patria y a publicar la investigación en este diario. El resultado fue la serie denominada Anatomía de un país, merecedora de los premios Simón Bolívar, de Colombia, y Mergenthaler, de la Sociedad Interamericana de Prensa.

Nacido en Ibagué, Mendoza se hizo bachiller en el histórico Colegio de San Simón y se formó como arquitecto en Chile. Allí conoció a Huidobro, a Neruda, a los Edwards y consolidó su vocación por el ejercicio de las ideas, por el buen manejo del idioma, por el debate inteligente. Fui su compañero en el Concejo de Ibagué, y más tarde nos cruzamos por cuenta de labores académicas que él cumplía en la Sociedad Geográfica de Colombia y yo en la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

Tengo la sensación de que era un poco solitario y un mucho viajero. El exgobernador del Tolima Néstor Hernando Parra y el exsenador de la República Ernesto Rojas Morales eran dos de sus más grandes amigos. Los tres coincidieron en sus ideas liberales, en la defensa de la ética política, y en su admiración por el presidente Carlos Lleras Restrepo. Mendoza era un intelectual a quien le gustaba aprender, pero también enseñar. Solía hablar del “diálogo cooperativo” como la mejor forma de superar las diferencias.

En su obra Protagonistas del Tolima siglo XX, el escritor Carlos Orlando Pardo encabeza el apartado respectivo así: “Alberto Mendoza Morales o el pensamiento como obsesión”. En efecto, Mendoza era un intelectual. Vivía pensando y como pensaba vivía. Privilegiaba dos disciplinas: la arquitectura y la geografía. Pero también amaba la música, la historia, la cívica, incluso la política. Tenía una especial vocación ciudadana.

Fue un hombre metódico, riguroso, organizado. Defendió la participación como principio constitucional y la estimuló como compromiso de las personas. Entendió el libre examen como base para el ejercicio del pensamiento y la descentralización como presupuesto para garantizar la gobernanza. Varias veces le oí repetir una frase que decía haber recogido de los indígenas de la Sierra Nevada de Santa Marta: “El ordenamiento territorial tiene dos partes: una espiritual y otra física. Ordenar el territorio requiere ordenar el pensamiento”.

Alberto Mendoza vivió en distintos países durante más de quince años. Trabajó en áreas como la planeación, la vivienda, el urbanismo. Dictó clases, pronunció conferencias, dirigió seminarios, escribió libros. El Espectador fue su hogar periodístico, la Sociedad Geográfica su principal preocupación profesional, el Tolima su sede espiritual permanente.

Comparte: