23 Apr 2021 - 3:00 a. m.

El Tolima Grande (II)

Una región con afinidades y diferencias, pero integrada en historia, en cultura y en propósitos, constituye auténtica fortaleza en un país de regiones. El Tolima Grande ha consolidado factores comunes de desarrollo y podría pensar en reorientar al país, como en el pasado. Históricamente ha hecho presencia intelectual y política en Colombia, desde antes de ser el Tolima. Su principal activo es espiritual.

El líder comunero Juan Ascencio Perdomo, en 1767, daba lecciones de dignidad a las gentes del común, años antes de la célebre rebelión neogranadina de 1781. El pintor botánico Francisco Javier Matiz daba las suyas desde el gabinete de Mutis, donde Humboldt lo calificó como el mejor pintor de flores en el mundo. Ascencio era de la provincia de Neiva y Matiz de la de Mariquita. En la independencia el jefe militar Benito Salas, dejó su impronta histórica como miembro del ejército de las Provincias Unidas de la Nueva Granada y como líder de la emancipación. El jurista Juan Dionisio de Gamba dejó la suya como constructor de instituciones y como presidente de las Provincias Unidas. Salas había nacido en Neiva y Gamba en el Valle de San Juan.

Luego ocuparon el espacio político nacional de las dos provincias figuras como Manuel Murillo Toro, José María Rojas Garrido, Aníbal Galindo, Francisco Eustaquio Álvarez, Clímaco Iriarte, Eugenio Castilla y Antonio Dussán, entre otros. En 1863, el nuevo estado envió como delegados a la Convención de Rionegro a un equipo dirigente oriundo, en su totalidad, de la provincia de Neiva. Después de 1886 el general Manuel Casabianca, se convirtió en líder del departamento del Tolima, hasta cuando, en 1905, nació el departamento del Huila, con Rafael Puyo Perdomo como su primer gobernador.

Específicamente entre 1895 y 1905 nació en el Tolima Grande la generación más lúcida que conoció el siglo XX. Sus miembros fueron ellos los precursores del Estado social de derecho en Colombia. Bajo la dirección del presidente Alfonso López y la coordinación del maestro Darío Echandía, incorporaron a su país en el universo de su tiempo. No todos eran hombres de leyes, pero todos sí eran hombres de estado. A ellos se refirió Alberto Lleras como a “un concilio de jurisconsultos, caracterizado por su falta de codicia, su devoción por la controversia y, sobre todo, por una sed infinita de creación”. Son, entre otros, José Joaquín Caicedo Castilla, Antonio Rocha Alvira, César García Álvarez, Joaquín García Borrero y Rafael Parga Cortés. Conformaron una auténtica Escuela de pensamiento en torno a la concepción social del Derecho y del Estado. Es la Escuela del Tolima o, si se prefiere, del Tolima Grande.

Esta región debe preservar su historia centenaria. Waldina Dávila y Amina Melendro, Alberto Castilla y Luis Alberto Osorio, Pedro J. Ramos y Jorge Villamil, también pertenecen a ella. Y los empresarios que crearon los Bancos del Tolima y de Neiva a finales del siglo XIX, los que impulsaron el transporte ferroviario o la navegación fluvial, y empresas como Aires y Terpel en el siglo XX, o las que funcionan hoy en torno a la agroindustria del arroz. Huila es el primer productor de café y Tolima el tercero: La región produce la tercera parte del café colombiano, y el café es aún emblema nacional. El nombre del país no puede asociarse más al negocio universal del narcotráfico, cuando sigue produciendo el mejor café suave del mundo. Hace un siglo, don Esteban Jaramillo repetía una frase que se hizo célebre: Colombia es café, o no es. Recuperarla puede ser el gran propósito del Tolima Grande.

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