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18 Dec 2020 - 3:00 a. m.

¿Izquierda ≠ derecha?

Izquierda y derecha no son categorías científicas, ni filosóficas, ni políticas. No lo fueron nunca, ni lo son ahora, cuando ni siquiera alcanzan a ser categorías analíticas. A duras penas se podrían llamar ideologismos. Aquellas denominaciones surgieron porque en el hemiciclo de la Asamblea francesa se acomodaron a la derecha los monárquicos y a la izquierda los republicanos. Pero esa connotación se desvaneció cuando aparecieron monarquías republicanas. El advenimiento de los socialismos les trajo un nuevo sentido, en torno a la propiedad privada sobre los medios de producción. Para la izquierda debía eliminarse por ser causa de las desigualdades. La derecha enarboló su defensa por tratarse de un derecho individual, caro al liberalismo. Esa diferencia desapareció también con el tiempo y, probablemente, nadie suscribe hoy la tesis de la abolición de la propiedad privada.

No obstante haber quedado vaciada de contenido, la nomenclatura subsiste. Resulta paradójico —incluso preocupante— que algo sin enjundia divida a la sociedad en forma tan aguda como delirante. No es la razón, ni siquiera los intereses, son las pasiones. Algunos analistas, atados al ideologismo, se atreven a sugerir que la izquierda privilegia la igualdad sobre la libertad y la derecha proclama lo contrario. ¿Pero la libertad para qué, o la igualdad ante quién? Ese es un marco facilista: ¿serían de derecha quienes privilegian la libertad religiosa o la libertad económica, por ejemplo? ¿Serían de izquierda quienes proclaman la igualdad ante la ley o la igualdad de oportunidades?

Más allá de esas preguntas, la confusión subsiste: si usted mira con tolerancia a los miembros de la comunidad LGBT, por ejemplo, entonces es de izquierda. Si los condena o rechaza de plano, usted es de derecha. En este caso, habría que decir que el papa Francisco es de izquierda y que el presidente de Cuba Fidel Castro fue de derecha hasta su muerte. Quedan todavía imprecisiones: cuando Nicolás Maduro confronta a unos venezolanos por hacer uso de su derecho a la crítica, se identifica con Jair Bolsonaro, quien confronta a unos brasileños por hacer uso de su derecho a defender el ambiente. ¿Quién privilegia la igualdad sobre la libertad o al revés?

Y se puede ir aún más lejos: en 1961 Walter Ulbricht, el presidente de la Alemania comunista, ordenó la construcción del muro de Berlín sobre su frontera oeste, en abierta hostilidad con sus compatriotas de la otra Alemania. En 2016 Donald Trump, presidente del Estados Unidos más capitalista, ordenó la construcción de un muro sobre su frontera sur, en abierta hostilidad con sus vecinos de la otra América. ¿Dónde están las diferencias entre una conducta y otra, desde el punto de vista filosófico, ético, político, jurídico o moral? Por Dios, nada más parecido a la derecha que la izquierda.

La modernidad trajo consigo un pensamiento binario: bueno-malo, blanco-negro, amigo-enemigo. Pero la realidad no es dicotómica: es diversa, plural, heterogénea. No cabe en ese enfoque binario. Una sociedad de naturaleza múltiple desborda la dicotomía izquierda-derecha. La realidad no es buena ni mala porque es suficientemente compleja para esquematizarla. Simplemente es. Tampoco es blanca, ni negra porque no es binaria. Está infinitamente llena de grises, de claroscuros, matices y tonalidades. La sociedad no está conformada por amigos y enemigos, con los unos cerca y los otros lejos. No. Está llena de amigos para unas cosas que pueden no serlo para otras, de aliados en algo que no lo serán en algo más, de adversarios en unos aspectos que pueden ser socios en otros.

La sociedad es plural, su entramado es difícil y las personas se mueven en función de intereses diversos. Es imposible que todos estemos de acuerdo en todo, pero es evidente que todos somos responsables de todos. Por eso hay que privilegiar el diálogo sobre la confrontación. Es esa la síntesis de la democracia deliberativa. Álvaro Gómez la sintetizó aún más, en una frase tan simple como todo lo magnífico: “El país necesita un acuerdo sobre lo fundamental”. Eso nada tiene que ver con el mal supuesto contraste entre derecha e izquierda, pero sí hace clara la diferencia entre barbarie y civilización.

Nota. Esta columna solo reaparecerá en el mes de enero. Deseo a los lectores felicidades navideñas y el mejor suceso en el nuevo año.

@inefable1

* Presidente de la Academia Colombiana de Jurisprudencia.

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