Publicidad

La bandera blanca

Sigue a El Espectador en Discover: los temas que te gustan, directo y al instante.
Augusto Trujillo Muñoz
05 de septiembre de 2008 - 04:42 a. m.
Resume e infórmame rápido

Escucha este artículo

Audio generado con IA de Google

0:00

/

0:00

Una cosa es decir la verdad en medio del debate abierto, propio de las democracias, y otra cosa es asumir el talante pendenciero que convierte el debate en camorra. Después de tanto choque de trenes, e inclusive de vagones del mismo tren, tiene mucho sentido sacar la bandera blanca.

El ciudadano común siente cansancio del enfrentamiento entre poderes y del lenguaje agresivo que se viene manejando en el país. Tiene razón: de los enfrentamientos verbales en la cúpula suele pasarse a los enfrentamientos de hecho en la base y, en ese tránsito, quien sufre mayor perjuicio es, precisamente, el ciudadano común.

Una guerra verbal es, al fin y al cabo, una guerra. Menos grave que un enfrentamiento bélico, pero con secuencias en el espíritu de los individuos y en el comportamiento de la opinión. Su primer gran efecto es desvalorizar tanto la importancia como la utilidad de los acuerdos entre adversarios políticos.

La actividad pública no puede verse a través de una óptica personal, ni para infringir agravios ni para responderlos. Me parece subido de tono el cruce de palabras entre el presidente Uribe y el ex presidente Gaviria. Pero, en general, es el mismo que se advierte entre todos los sectores políticos, desde el conservatismo hasta el polo democrático.

No hace mucho tiempo lo escribí en esta misma columna y vale la pena recordarlo: la política exige un lenguaje discursivo, no confrontacional. Así debe ser en cualquier escenario colectivo si se quiere construir comunidad. Y más aún en sociedades heterogéneas, desiguales, excluyentes, como las nuestras, cuyo tejido social tiene más fracturas que vínculos.

El país necesita reconstruir el consenso básico entre sus ciudadanos. Ese es el sentido de las marchas masivas que se han realizado contra todas las violencias: la de los grupos armados y la de los dirigentes desarmados. Las marchas deben interpretarse como una apuesta por la política, es decir, como un rechazo a cualquier forma de confrontación.

Claro, los pactos de paz no son pactos de silencio, ni ausencia de crítica, ni de oposición. Son acuerdos sobre elementos básicos de interés público e inclusión en ellos de todos los que, por ejemplo, suscriben los postulados básicos del Estado social de derecho. Las sociedades diversas son sociedades plurales. El pluralismo supone respeto al “otro” y, en todo caso, compromiso colectivo en la defensa de los principios republicanos.

La democracia de consenso no tiende tanto a excluir a los adversarios del gobierno, como a incluirlos en la toma de decisiones que los afecten. Eso es positivo y es posible si hay debate intelectual y político, pero es negativo y es imposible si hay polarización y enfrentamientos físicos o verbales.

No es lo mismo manejar el gobierno o ejercer la oposición en Europa que América latina. Entre nosotros el interés de los grupos sociales es tan diverso que el desarrollo de una decisión de mayorías en una corporación pública o en un referendo popular, puede equivaler a una dictadura de la mayoría si no se consulta el legítimo interés de los perdedores.

Probablemente me esté repitiendo frente a columnas anteriores, pero es que también está siendo demasiado repetitivo el lenguaje confrontacional en las más altas esferas de la política y del gobierno. Algunos dirigentes, quizás, resulten electoralmente beneficiados con el enfrentamiento. Pero el país puede terminar en otra espiral de violencia. Sería el más grande absurdo, pues esa violencia se estaría suscitando entre quienes se sientan en el mismo lado de la escena democrática. Es necesario sacar bandera blanca, para suscribir un nuevo pacto de paz.

Ex senador, profesor universitario.

atm@cidan.net

Conoce más

 

Sin comentarios aún. Suscríbete e inicia la conversación
El Espectador usa cookies necesarias para el funcionamiento del sitio. Al hacer clic en "Aceptar" autoriza el uso de cookies no esenciales de medición y publicidad. Ver políticas de cookies y de datos.