En el siglo XIX, “la guerra era, en cierta forma, una gran diversión, una fiesta, el sublime deporte del pueblo, secularmente aburrido de vivir entre la pobreza y el pecado”, escribió Alberto Lleras en sus memorias. Pero aquellas guerras no eran como las demás. Según testimonio del general Pedro Alcántara Herrán, transcrito por Lleras, “los hombres que han de componer la masa de los ejércitos no son enganchados, convocados o notificados para que se alisten, sino cazados como venados; lo que se les suministra es apenas ración para vivir (…) la única esperanza que llevan a la guerra es la de aprovechar la primera oportunidad para...
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