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Broche de oro

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Aura Lucía Mera
13 de enero de 2026 - 05:05 a. m.
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Manizales, beso tu nombre, que significa juventud. Beso la orilla de tu cielo y, de pie, te canto salud. Manizales, ciudad extraña en su geografía, nido de águilas. Centro cultural de Colombia desde sus inicios, famoso por sus festivales de teatro y poesía, universidades de primera.

Los manizaleños aman su tierra y aman a sus visitantes. Es la ciudad más amable de Colombia: empresarios, vendedores ambulantes, agentes de tránsito, recepcionistas, conductores, jóvenes y personas de la quinta edad.

Feria anual, ancestral, un hito. Recuerdo cuando las escuelas de equitación de Colombia llevaban sus caballos con sus cascos, plastrones y chaquetas. Su Teatro Fundadores, de la talla del Colón en Bogotá. Reinado Internacional del Café y recitales.

En la actualidad, su feria gira alrededor de la Fiesta Brava. Léase: corridas de toros, quieran o no los antitaurinos, esos que “se hacen los estrechos, aunque les quepa un piano” (refrán español, no mío).

Su plaza, como un útero protector, está hacia el fondo de la tierra. Su ruedo pequeño, con demarcaciones perfectas. El festival nocturno, con las velas encendidas y la Virgen de la Macarena dando la vuelta al ruedo, acompañada del Ave María, con la luna en el cenit como regalo espiritual, tiene una magia indescriptible.

Juan Carlos Gómez, su coordinador y además director del Hospital Infantil Rafael Henao Toro, caballero honesto, aficionado y conocedor de la tauromaquia como ninguno. Cormanizales es una empresa modelo: sin rivalidades, sin manejos bajo la mesa, cultivando una afición joven y entusiasta.

Estoy segura de que Manizales peleará la continuación de las corridas en su tierra. Es un espectáculo sagrado, de minorías, que no tiene por qué ser amputado por animalistas a quienes les importa un carajo los niños, los guerrilleros, la violencia contra la mujer ni el maltrato familiar, o por un presidente errático que habla incoherencias con el cosmos.

El toro de lidia es un animal sagrado desde épocas inmemoriales, muy cercano a los rituales religiosos desde antes de Cristo. Animal fiero por su genética, jamás se le ha podido ver en un zoológico. Es de lidia.

Esta feria acaba de terminar con broche de oro. Destaco las faenas impecables de Daniel Luque, Sebastián Castella y Marco Pérez, el joven prodigio del toreo. El encaste de Juan Bernardo Caicedo presentó ejemplares cumplidores.

Una feria que cumple casi setenta años y quedará grabada en la retina de los buenos aficionados. Felicitaciones.

Colombia no puede permitir que su Fiesta Brava se termine por decreto. Desde la Colonia, todas las celebraciones populares y gubernamentales se iniciaban con los toros como protagonistas.

Nadie obliga a ir a quien no tiene afición, como nadie obliga a nadie a asistir a la ópera o a ver cantar a todo pulmón a los que mueren por cornudos o envenenados.

Que viva la Fiesta Brava. Que los antitaurinos descarguen su rabia incrustada en su interior con otras cosas o ítems. Los aficionados a la tauromaquia tenemos el derecho inalienable de asistir.

Recibo los insultos con naturales y pases de pecho. Y a los que no les gusta, pues no me lean. ¡Olé!

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