Creo en un Poder Superior. Creo en Jesús como el personaje más sensacional, que dividió la historia en dos y partió el calendario: AC y DC (Antes de Cristo y Después de Cristo). Sin embargo, no creo en ninguna religión; para mí son sectas. Sobre todo la católica... no me meto con las otras porque ni las conozco ni las puedo criticar, no me vaya a pasar lo de Salman Rushdie y algún fanático me acuchille el ojo.
No soy capaz de rezar el Credo, no me identifico. No creo en la famosa virginidad de María, ni en el Espíritu Santo, ni en la paloma... ni en las lenguas de fuego que llenaron de sabiduría a los apóstoles analfabetos.
En alguna ocasión le pregunté a un sacerdote irlandés en Fort Lauderdale que si los gringos no pecaban. Los veía a todos, banca por banca, levantarse a comulgar y ningún confesionario a la vista. Me aclaró que la misa es la invitación a un banquete y no comulgar es rechazar esa invitación.
Hace poco asistí a una y quedé espantada. Creo que al 90 % de los curas se les debería prohibir hablar. El cura en cuestión se dedicó a hablar de Salomón rodeado de prostitutas y lo confundió con el rico Epulón, que le daba migajas de pan a los perros; además, nos recordó cien veces que nos vamos a morir todos... toditos. Me entró una especie de risa nerviosa; afortunadamente me tapé la boca con una bufanda, pues estaba en primera fila y podría haber provocado una catástrofe.
Recuerdo el bautizo de una sobrina nieta acabadita de nacer: el cura no hizo más que dar alaridos sobre los pecadores y el infierno.
Y si me meto en honduras... el pacto del Opus Dei presionando a Juan Pablo II para la canonización de Josemaría Escrivá de Balaguer, personaje controvertido que durante el franquismo montó ese brazo paramilitar del catolicismo. Dicho y hecho: Juan Pablo II canonizó a Escrivá y el Opus canonizó a Juan Pablo, generando diferentes reacciones en los católicos que no tragan entero.
Los famosos milagros de Fátima y Lourdes son un supernegocio. Dar limosna en las misas es plata de bolsillo; un sacerdote me prohibió hacerlo: “Ese dinero no va a ninguna contabilidad, es para nosotros... hacemos con él lo que nos dé la gana”.
El celibato para los sacerdotes se decretó por motivos económicos; si se casaban, la platica se iba para la familia y para la Iglesia, nanay cucas.
Pregunté qué era la espiritualidad y sentí un alivio total. Espiritual es todo aquello que no podemos comprar ni tocar: la ternura, la alegría, el amor, el perdón, la solidaridad, la tristeza, la amistad... ¡Uff!
De todos los pontífices salvo a dos: Juan XXIII y Francisco. Los demás: algunos nazis, otros lujuriosos (los Borgia), otros inquisidores y quema-humanos, otros que propiciaban guerras... en fin, no sigo hurgando, es repasar la historia.
Tengo amigos sacerdotes normales, buenos interlocutores y amigotes. Nos respetamos. Algunos son filósofos e intelectuales; compartir con ellos me encanta.
Me excomulgaron en la época del Concordato; cuando se acabó, creo que se terminó la condena. No creo en el infierno, ya lo viví en este planeta. Ahora, “Solo Por Hoy”, soy feliz. Amo la vida y sigo considerando a Jesús mi amigo, mi guía y mi personaje favorito. María, una mujer berraca y sufrida, una campesina cuyo hijo se fue de su casa a los 12, regresó a los 30 y lo crucificaron a los 33 porque predicó que todos éramos iguales, y eso no gustó.