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Las dos caras de la moneda

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Aura Lucía Mera
24 de marzo de 2026 - 05:05 a. m.
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No entiendo mucho de economía, pero a ojo de buen cubero salta a la vista que el aumento del salario mínimo afecta directamente a la población más vulnerable. Como siempre, por demagogo, al presidente del polvo cósmico le salió el tiro por la culata. Me explico: tal aumento es justo para los empleados, pero en la práctica no les servirá de nada porque aumentarán los precios de todo. Lo que me consta es ver cómo se cierran pequeñas empresas. Los recortes de personal en supermercados, tiendas y restaurantes son un hecho trágico para los trabajadores. Aumentan el desempleo, los contratos por debajo de cuerda y la informalidad.

Muchos pierden con esta medida y muy pocos ganan. Enfermos que necesitan cuidado y ya no pueden pagar cuidadores; residencias geriátricas con poco personal, dejando al garete ancianos que necesitan atención completa; amas de casa, viudas y adultas mayores que no pueden costear los gastos de una empleada de tiempo completo y amanecerán un buen día patas arriba por haberse caído al tener que levantarse solas de noche. Las instituciones recreacionales para empleados no funcionarán lo mismo.

Existe un dicho que me gusta: “Piensa mal y acertarás”. A lo mejor Petro, como para su gran acto final de despedida, dejará el camino para un nuevo estallido social sin precedentes. Así es de torcido. Me pregunto muchas veces si dormirá con su lápiz amarillo o si lo tendrá debajo de la almohada como arma cortopunzante. No se puede desprender de él. Las delicias de Freud: algo en el subconsciente que le da seguridad, un pequeño edipito o algo más.

No envidio a los que quieren a toda costa sucederlo en el solio de Bolívar. Solo cuando alguno de la manada galopante se aposente en el solio presidencial el 7 de agosto se enterará, poco a poco, gota a gota, de lo que heredó.

Me divierte este circo político. Paloma y Oviedo no comparten una sola idea. Miguel Uribe cree que los afrocolombianos lo van a apoyar. El Tigre Abelardo amenaza con destripar a todo el que piense diferente. Uribe el intocable mueve los títeres a su antojo con su manito en el pecho; la otra no sé dónde la pone.

Me desvié del tema principal: el del salario del miedo. Esperemos cómo acaba esta tragicomedia colombiana. Por ahora, todos los locales medio vacíos, más desempleo, más inequidad, más rabia, más violencia y más maltrato. Qué pesadilla.

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