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Maremágnum

Aura Lucía Mera

08 de marzo de 2022 - 12:30 a. m.

Faltan cinco días. Todo es cada vez más confuso. Reinan el caos y la indecisión. Cada día tenemos sorpresas de alianzas. Whatsapps malintencionados descalificando a todos y todas. Muchos, posando de sabios y virginales. Como si en este país desde sus orígenes la política no se hubiera hecho así, con alianzas, con uniones, con pactos.

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Antes era la Hegemonía Conservadora “a sangre y fuego”: el que osaba pensar diferente, decapitado y con corte de franela. Luego, la República Liberal, que desafiaba excomuniones y maldiciones. Después, el Frente Nacional, cuando se turnaban unos y otros para no seguir matándose y repartirse la torta de una forma demente que inundó de burocracia todos los institutos, ministerios y cargos. Cada torero con su cuadrilla, pero manteniendo con los impuestos de todos las cuadrillas anteriores.

Así se reventaron Telecom, los Seguros Sociales, Caprecom, la Flota Mercante y varios institutos. Después llegó lo peor, porque todo, absolutamente todo, es susceptible de empeorar, y fue la elección popular de alcaldes y gobernadores, que destapó la olla de la corrupción y su estallido sigue creciendo. Surgieron cantidades de “corrientes políticas” de la nada. Sin ninguna ideología, pero con patrones de abultadas chequeras y no menos abultadas amenazas.

Es absolutamente inconcebible que para ser senador de la República o representante a la Cámara no se exija ningún requisito, ni siquiera saber leer, muchísimo menos conocer el país, sus regiones, sus problemáticas. Simplemente hay que tener plata, comprar votos y después robar más y más. Esperpento. Mientras jóvenes recién egresados de universidades no pueden acceder a ningún trabajo porque les exigen cada vez más papeles. Igual pasa con alcaldes de capitales y municipios. Como me adrizaba un político veterano de Antioquia hace años: “Para ser político y ganar, mija, hay que tener buen hígado, buena chequera y buen pipí”.

Tengo la intuición de que habrá miles y miles de votos anulados porque los tarjetones son confusos. Me precio de tener buena memoria, pero tendré que llevar chancuco y escribir en un papelito cuáles son “mis números y mis listas”. Mucha gente está convencida de que habrá fraude y lo dan por sentado, con santa resignación. Bueno, fraude siempre ha existido. Recordemos a Misael Pastrana, Rojas Pinilla y la orden de “irse a dormir” de Lleras Restrepo. Yo no puedo olvidarme porque mi exmarido estaba de gobernador. De la angustia lo tuvieron que operar de apendicitis y yo, con tres de mis hijos, tuve que irme a refugiar donde una amiga para que nadie nos linchara.

Aspiro a que todos los ciudadanos votantes reflexionemos. Votemos por la paz. Votemos por la honestidad. Votemos a conciencia. Estas elecciones son fundamentales para el momento que vive Colombia. Dejemos las pasiones, las tirrias, la cizaña y pensemos en nuestro país.

Somos responsables de lo que sucederá en los próximos cuatro años. Voto a voto. Cada uno de nosotros escogerá y luego no podremos quejarnos. Estamos en un punto de quiebre que no tiene reversa. ¡Los invito a reflexionar!

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