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Nadie sale indemne

Aura Lucía Mera

03 de febrero de 2026 - 12:05 a. m.

“Todas las mañanas la gacela se despierta sabiendo que tiene que correr más veloz que el león o morirá. Todas las mañanas el león se despierta sabiendo que debe correr más rápido que la gacela o morirá de hambre. No importa si eres un león o una gacela: cuando el sol despierta, lo mejor es empezar a correr”. Proverbio africano, del libro El beber del escribir, de Mia Couto, autor de Mozambique, uno de los nombres más importantes de la literatura en lengua portuguesa.

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El que diga que los libros no cambian vidas o no ha leído nunca o no ha entendido nada de lo que lee. Se pierde vivir otras vidas, otros conceptos, cambiar de horizontes, aprender sobre la condición humana, historias pasadas que son los cimientos de lo que somos ahora. Es como vivir sin haber vivido: simplemente caminar a la deriva, sin posibilidad de escarbarse el interior, como zombis sin brújula.

Cuando salga este artículo, ya el Hay Festival de Cartagena habrá pasado, pero ninguno de los que asistimos salimos igual a como llegamos. Esta sopa de letras convertidas en conversatorios de escritores nacionales e internacionales revuelca el coco, porque los temas son diferentes y hay de todo como en botica: libros transgresores, de historia, novelas, crónicas, relatos, monólogos, poesía. El caldo hierve y sacude neuronas.

Asistentes variopintos caminan las calles de este corralito de piedra como hormigas de hormiguero pisado, en todas las direcciones, pa’ allá y pa’ acá. Auditorios repletos, para todos los gustos. La librería Ábaco se convierte en el centro de encuentro: todos los libros de los autores que asistieron, que dejaron su impronta y su huella. Es entrar a una especie de paraíso.

Juan Gabriel Vásquez, Leonardo Padura, Leila Guerriero, Yasmina Reza, descendiente de una familia judía expulsada de España durante la Inquisición, con Babilonia, un libro extraño y apasionante que hay que leer con atención, con personajes complejos e impredecibles. El argentino Pedro Mairal, con La uruguaya y Esta historia ya no está disponible. Janne Teller, de ascendencia austroalemana, con Todo, que desata los conflictos de la condición humana, los prejuicios y nos obliga a mirar hacia dentro de forma descarnada, sin adornos ni lentejuelas. Y Mia Couto, que me tiene hipnotizada, autor de La confesión de la leona.

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La confesión se trata, ni más ni menos, como se lee en la contracarátula, de “la trágica e invisible guerra entre los hombres que abusan de su poder y las mujeres que han sido educadas para renunciar a él”.

Repito: nadie sale indemne de esta sopa de letras. Quedamos touché.

P. D. Quiero felicitar al alcalde de Cartagena, Dumek Turbay. Jamás he visto Cartagena tan limpia, tan linda, tanto la ciudad amurallada como la de fuera. Ni un papel. Creo que resucitó el sentido de pertenencia que se había perdido. Y, para terminar, de nuevo en francés: chapeau.

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