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“Cuando veas afeitar (por la fuerza) al vecino, pon tu barba en remojo”. Los últimos acontecimientos internacionales nos confirman que más claro no canta un gallo, y el que quiera entender, que entienda.
No me quiero meter ni en honduras ni en análisis políticos. Ni me gusta la política ni mucho menos soy analista, pero hay cosas que saltan a la vista.
Le sugiero a Petro que deje sus bravuconadas irracionales y fuera de tono y contexto contra Trump. Trump es un matón, sí, pero un matón que gobierna una potencia mundial y no se para en pelitos. Un Goliat del siglo XXI, nos guste o no. Y nuestro “mandatario”, ya de salida afortunadamente, es un David falso, sin puntería y cósmico. Que a él le guste el polvo cósmico no significa que nos arrastre con él antes de tiempo. “Con tal de que se vaya, aunque le vaya bien”. Y que Cepeda modere su lenguaje extremista; no estamos para eso. La amenaza de Petro de “enviar tropas militares a la frontera” es algo de lo cual no se sabe si reír o llorar.
Ver a Maduro esposado, con gafas de marciano y sudadera sudada no me produce ninguna emoción: ni alegría ni repudio; son las consecuencias de sus actos. Un chafarote ignorante y soberbio que se creyó reyezuelo intocable. Tramposo, dictador fraudulento. Nada que ver con Hugo Chávez: se podría no estar de acuerdo con él, pero fue elegido popularmente por un país cansado de gobiernos corruptos y salvajes. Ojalá Venezuela retome una vida normal; se lo merece.
P. D. La tragedia de la discoteca La Constellation en Crans-Montana, famoso lugar para esquiar de la Suiza francesa de Valois, es una tragedia anunciada. Recuerdo que un diciembre de los años setenta estuve en ese pueblito celebrando la llegada del Año Nuevo en el primer piso del mismo bar; qué impresión. Tragedias absurdas que jamás deberían suceder.
En Colombia, el noventa por ciento de los establecimientos, restaurantes, comederos, discotecas, teatros, cines, metederos, son trampas mortales a la vista de todos y a la vista de nadie. Por ejemplo, el Teatro Isaac en Cali, que yo sepa, no tiene salida de emergencia. El que está en escenario o en los primeros asientos de platea se calcina en su jugo. Igual el teatrino del Museo La Tertulia. Y para qué hablar de las discotecas: encerradas, oscuras, repletas de gente saltando. Lo mismo los supermercados o “pasajes comerciales”.
Si en este país se practicaran censos sobre extintores y salidas de emergencia que funcionen, perderíamos el año. Pero a nadie le importa un bledo. Y cuando algo pasa, pues pasa y luego se olvida.
Me hubiera gustado escribir una columna más amable para este comienzo de año, pero esto es lo que hay. Sigamos caminando hacia adelante y mirando de frente.
