“El día que la mataron Rosita estaba de suerte. De tres tiros que le dieron solo uno era de muerte. La casa era colorada y estaba recién pintada; con la sangre de Rosita le dieron otra pasada”. “Así te quería yo ver, en una puerta parada, con la bata hecha girones, sin dientes y embarazada”. “La india me ha dejado, no volverá a la choza. Vaya dándome un trago, señora María Rosa”.
“Estaba teniendo cuatro la muy indigna, cinco conmigo, seis con el desgraciado de su marido, siete con otro, con un viejo del pueblo eran los ocho, nueve tenía y diez con el sargento de policía”. “Quítese de aquí, mi padre, que estoy más bravo que un...
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