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Salpicón o mazamorra

Aura Lucía Mera

10 de marzo de 2026 - 12:05 a. m.
“A mi juicio, lo que tenemos que evitar a toda costa es que la final sea entre Abelardo y Cepeda”: Aura Lucía Mera.
Foto: El Espectador
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Resultados electorales como para alquilar balcón. Pabellón de quemados, nuevas caras, sorpresas. Ambiciosos relegados al olvido de un plumazo. Intocables manoseados y estropeados. Caras largas, abrazos fingidos, rabia, desconcierto, alegría. Salpicón para algunos, mazamorra amarga para otros.

Me duele ver figuras políticas importantes que no alcanzaron el umbral: Angélica Lozano, mujer íntegra y berraca; Luis Eduardo Garzón y Robledo, políticos serios y respetados.

Feliz con el pabellón de quemados: Vicky Dávila, Polo Polo, Katherine Miranda, Lina Garrido y Carlos Pinzón. Gritones, prepotentes, rencorosos, ordinarios. Ojalá, si quieren seguir en la política, moderen su lenguaje y reconozcan su total ignorancia en ciertas materias.

Paloma voló con alas propias. Ya puede despegarse de su sombra, esa sombra que la persigue a todas partes, pegada como chicle en alpargate nuevo, y que se diluya y se remonte a cabalgar por las pampas solitarias en el Ubérrimo, en compañía de sus cientos de guardaespaldas, y de Lina, solitaria en su castillo, tejiendo la bufanda eterna cual Penélope tropical.

Fascinada con el repunte de Oviedo. Siempre lo he admirado. Y más contenta porque su repunte se lo debe al tigre oscuro de Abelardo, quien con su mala leche lo que logró fue darse un tiro en el pie, agujereando sus zapatos de charol inmaculado.

Bien por el Pacto Histórico. Que no se convierta en pacto histérico y eleve la dignidad política en sus planteamientos.

Esperemos qué sucede en estos meses decisivos. Todavía falta trocha por andar: pactos por sellar, estrategias sensatas, espero. A ver quién será el ungido para agarrar el timón de esta nave que se bambolea a la deriva y no naufraga porque Dios es grande, y se mantiene a flote a pesar de sí misma.

A mi juicio, lo que tenemos que evitar a toda costa es que la final sea entre Abelardo y Cepeda. Los extremos son igualmente peligrosos, y más si tienen el alma complicada.

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A buen entendedor, pocas palabras bastan.

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