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El 28 de enero de 2020, antes de que Colombia entrara en cuarentena por la pandemia de COVID-19, se originó el desbordamiento del río Frío en Floridablanca, lo que afectó varios conjuntos residenciales. Casi 30 familias sufrieron los embates del río. La fuerza del agua de la quebrada derrumbó varios árboles en su camino a Lagos II. Por el derrumbe de la vegetación, el caudal se represó y terminó desbordándose por las calles de los barrios Santa Coloma, Villa Piedra del Sol y Lagos II. El río desesperado habla y lo hace buscando su camino. El hombre (las autoridades no entienden) desforesta hasta la saciedad para construir una carretera en los cerros orientales de esta ciudad de Santander llamada Conectante C1-C2, para enlazar la autopista Floridablanca-Piedecuesta y terminando en el km 8 de la vía Bucaramanga-Pamplona.
La construcción de la vía requiere talar más de 17.000 árboles. Este arboricidio en países con gobernantes conscientes sería inviable por el impacto crítico y acumulativo que representa en términos de la deforestación y fragmentación de los ecosistemas esenciales de bosques andinos y de alta montaña en el epicentro de los cerros de Floridablanca. Pero no, pese a los grupos de defensa que protestan con la misma fuerza de los pájaros que quedarán huérfanos de sus árboles, el proyecto sigue adelante en nombre del desarrollo. Recordemos que en Floridablanca el llamado desarrollo ha estado en manos desde 2017 de gobernantes afines al Partido Conservador y al Centro Democrático. Me refiero al protegido de la vicepresidenta Marta Lucía Ramírez, el exalcalde conservador hasta los tuétanos Héctor Mantilla, y al actual alcalde de Floridablanca, heredero del botín político de Mantilla, Miguel Moreno.
Con el desarrollo de esta vía se está sentando un precedente que favorece un mayor incumplimiento en la aplicación de acuerdos ambientales multilaterales, precisamente en términos de metas de conservación de la biodiversidad y la reducción de la crisis climática.
Hay que considerar, además, que la zona de influencia del proyecto ha sido declarada como un Área de Importancia para la Conservación de Aves (AICAS) y se han registrado en la zona más de 300 especies pertenecientes a 37 familias. Son alarmantes los impactos que significaría la construcción de esta vía (destinada para vehículos de tráfico pesado) para la población endémica y migratoria de aves, en términos de ruido, accidentalidad, fragmentación del ecosistema y contaminación vehicular, incrementando la alta accidentalidad de la autopista Floridablanca-Piedecuesta y Girón.
La Autoridad Nacional de Licencias Ambientales (ANLA) aprobó el 24 de febrero de 2021 un Plan de Compensación por Pérdida de Biodiversidad, presentado por el consorcio constructor, que comprende un área de 237,85 hectáreas para compensar en los municipios de Matanza y de Rionegro, lo cual significa que no hay ninguna acción de restauración ambiental en el territorio donde se ejecuta el megaproyecto: destruyen o desplazan en la cuenca del río Frío de Floridablanca y aparentemente compensan en otra zona. No obstante, la biodiversidad no funciona como una torta donde se quita un pedazo por aquí y se sirve en otro plato: la pérdida de vida y biodiversidad no se puede compensar ni reemplazar, simplemente se pierde. Si miramos la “matemática” de la economía verde de la ANLA y el consorcio, estos enseñan operaciones perversas e irracionales. Mientras tanto, el alcalde que pudo evitar este desastre aspira a ser representante a la Cámara.
