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Las pequeñas infamias

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Beatriz Vanegas Athías
24 de noviembre de 2020 - 02:53 a. m.
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Cuando decimos infamia, decimos también deshonra. En Roma, la infamia era la degradación del honor civil. En este caso, el censor se encargaba de acreditar la pérdida de la reputación del ciudadano al tacharlo de infame. El afectado, de esta manera, no podía acceder a cargos públicos ni votar en las elecciones, lo que limitaba sus facultades sociales y jurídicas. Me interesa esta breve historia de la palabra infamia para decir además que éste debería ser el vocablo que define estos dos años de gobierno de Iván Duque y particularmente el 2020 tan distópico. En sentido canónico, la infamia es la pérdida del buen nombre como consecuencia de la opinión que tienen del individuo distintas personas prudentes. Los actos infames y deshonrosos han pululado en este tiempo mencionado, nadie se ha escapado a ellos, porque la infamia es como el fascismo: una gripa fácil de adquirir.

Infame ha sido el profesor de un colegio público de Bucaramanga (que no es profesor sino ingeniero de profesión) que se fue con toda la prepotencia característica de muchos egresados de la Universidad Industrial de Santander, contra doce estudiantes para que literalmente no se graduaran. Estudiantes que en pandemia tuvieron que continuar trabajando con su madre en zonas rurales de Santander recogiendo café (ellos estaban recogiendo café, expresidente Uribe) y que hacen enormes esfuerzos para tener conectividad vieron en peligro la posibilidad de graduarse como bachilleres porque el profesor no acusó recibo de estas circunstancias adversas y como Iván Duque, se situó en países como Alemania o Suiza. En defensa de las buenas costumbres (entre éstas la falacia de la disciplina y de que la letra con sangre entra) el profesor ofició a cabalidad la vileza que afectó el bienestar de doce personas y de las maestras en desacuerdo.

Infame es que don Gabriel, el dueño de una de las cafeterías de la universidad donde trabajo haya sufrido un infarto porque su pequeña empresa quebró ante la negativa de un crédito para sostenerla mientras superaba este tiempo tan difícil. Atentar contra el honor de una persona y las cinco o seis cuya nevera llena dependen de un trabajo, es también una consecuencia de actos de infamia.

Infame, el adjetivo derivado del nombre Infamia, es la portada de la revista Semana que entroniza a Tomás Uribe para que siga administrando la finca “Colombia” que al parecer es propiedad de su padre. Infame es ese periodismo que subestima la inteligencia de los colombianos cuando publica una entrevista del clon del padre que es el hijo para que niegue que desea ser presidente, aunque sepamos que cada argumento de esa negación es una falacia y una oportunidad de repetir el discurso caduco del castro chavismo, ahora llamado neo socialismo. Ante la caída de la imagen del padre hay que presentar al hijo como un alfil limpio por pertenecer a la empresa privada, como si la política no hubiera sido la escalera para ascender a ese éxito y riqueza.

Infame es escuchar a Vicky Dávila repetir hasta el hartazgo las palabras Petro y FARC en la entrevista que recién hizo al senador Armando Benedetti a raíz de la vinculación de éste a la Colombia Humana. Esa repetición se queda en los oídos del espectador y finalmente no importa la trascendencia del reconocimiento de Benedetti a Petro en cuyo programa siente que caben los proyectos que otrora no sacó adelante ni en el Centro Democrático ni en el Partido de la U, sino que Petro es un guerrillero. Uno de los caballitos de batalla del periodismo defensor del statu quo.

Infamia es que Iván Duque designe para la reconstrucción de Providencia a la uribista pura sangre Susana Correa, quien, de acuerdo a La Silla Vacía recibió dineros de Agro Ingreso Seguro, la misma que privatizó Emcali, que fue asesorada por JJ Rendón y estuvo implicada en la investigación del hacker Daniel Bajaña y luego renunció a la candidatura a la Alcaldía de Cali por denuncias sobre sobornos a la Registraduría, pero adhirió al candidato conservador que resultó ganador.

De pequeñas infamias se construye la inviabilidad y la inequidad de Colombia.

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Alberto(3788)25 de noviembre de 2020 - 01:06 a. m.
Magnífica.
juan(9371)25 de noviembre de 2020 - 12:55 a. m.
Una infamia más de Matarife y otra mascota al ruedo....
Julio(2346)24 de noviembre de 2020 - 08:12 p. m.
El gran/uja patrón del partido de gobierno le ordenó a su vasallo Duque no hacer nada contra el Covid, porque este bicho genocida sirve para compensar las miles de muertes que evitó el acuerdo de paz.
Julio(87145)24 de noviembre de 2020 - 05:56 p. m.
Comparto plenamente su indignación señora columnista.
Atenas(06773)24 de noviembre de 2020 - 01:53 p. m.
Y esta infame poetisa bien se vale del término infame pa hacer de ello toda una retahila de suposiciones, q' talvez defecaciones, mentales. Y en su adolorido acento toma sencilas u simples cosas de la vida ordinaria pa tramar aun más con verborrea consuetudinaria. Pues bien sabe q' su populacha jauria fácil devora su cuento. Q' no digieren y prefieren q' les mastiquen.
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