Pasado el primer tiempo de este duelo ante la muerte de la vida que fue la (y sigue siendo) la pandemia, a partir de mayo acudí a los libros para habitar los mundos que la casa-cárcel no proporcionaba, para ser menos ignorante, para aprender a escribir mejor, para entender o para encontrar más preguntas. Creo que muchas personas hicieron lo mismo y esto indica que la figura del lector resurgió ante la avalancha de impudorosas presentaciones de libros que no se detuvieron.
Como los amigos que llegan sin avisar pero nos proveen de historias hasta entonces desconocidas, así ciertas lecturas de novelas cortas en este tiempo de la peste. Se trata de libros como amigos, de todas las clases y con todo tipo de miradas sobre la vida. En abril me enteré que la Casa editorial uruguaya HUM acababa de publicar la más reciente novela autobiográfica de Cristina Peri Rossi La insumisa. La escritora uruguaya por fuera del famoso Boom literario es una de las autoras que desde tempranos libros escribió desde su condición de exiliada de la dictadura y desde su orientación sexual como lesbiana. Esta novela bellísima es un recorrido minucioso por la infame dictadura, la inmigración hacia el Uruguay, el padre maltratador, el descubrimiento del amor hacia las mujeres en la defensa y adoración de la madre, la formación literaria dada por el tío homosexual, el exilio, ilumina la visión del lector sobre una mujer lúcida, pasional y feminista. No hay una sola página que lleve al tedio en La insumisa.
Después llegó Cartas póstumas desde Montmatre de la novelista taiwanesa Qiu Miajin que se suicidó en 1925. En una preciosa edición de la Gallo Nero Editores, este libro (también novela corta) que quedó inédito a la muerte de su autora, lo escribe una narradora anónima que envía cartas a su amada y en ellas el lector transita por el descubrimiento del amor entre mujeres, el despertar sexual, la confrontación recurrente de su identidad sexual y la dolorosa ruptura. Es posible viajar por Tokio, Taipéi y Paris a través de estas ardorosas cartas.
Valparaíso ediciones publicó con traducción (que no me cuadró mucho) de Elvira Sastre y Juan José Vélez Otero, Odas de la gran poeta Sharon Olds de la quien siempre hay que aprender algo. La portada: maravillosa, (trae una mandarina que es urgada por unos dedos femeninos) es una invitación a desacralizar esa clásica y canónica forma poética que es la Oda. Así es que el lector (a) hallará fácilmente una oda al tampón, al condón, a la mamada, a la flacidez del cuello, “al rincón donde me ponían”, a la vagina. Una fiesta del idioma y de la inclusión. Y también de las infinitas posibilidades que tiene la poesía de hacer más llevadera la vida infame.
Cuando hubo la promoción de libro de Tusquets (mucho antes de que la escritora argentina Camila Sosa Villada ganara con su novela corta Las malas el Premio Sor Juana Inés de la Cruz de Literatura) hallé ese libro por el azar del título que me atrajo. Igualmente Pura pasión
de la francesa Annie Ernaux. Dos novelas cortas escritas como autobiografías que, sin embargo pueden leerse también como tratados poéticos de historia y sociología. Todo el dolor y la violencia invisible de las trans para quien existir era un delito está en Las malas narrada con humor y sarcasmo; con el poder de unos personajes que se hacen invencibles cada vez que fracasan, entre más se ensañan las fieras humanas con ellas, más feroces se vuelven en su fragilidad. Y en su novela Pura pasión que no trasciende las ochenta páginas, la autora francesa se desnuda ante el dolor de un amor destructivo del que es consciente: “Desde septiembre del año pasado no he hecho más que esperar a un hombre: he estado esperando que me llamara y que viniera a verme”. Pero no se trata solo de un amor romántico hasta la extenuación, lo novedoso es que la autora compara esta desmedida pasión, la suspensión del juicio moral con el acto de escribir.
Así estas lecturas insumisas: escribir es como hacer el amor con garras, saliva, sangre, sudor, sin dobleces, con angustia y estupor, sin sumisiones.