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Sólo anuncios

Beatriz Vanegas Athías

04 de octubre de 2021 - 11:55 p. m.

Tiene razón Gustavo Petro cuando afirma en una entrevista en el medio digital Criterio en relación con la publicación de su libro “Una vida, muchas vidas” que Uribe es el representante de los terratenientes de Colombia. Y logró un bloque más allá de los terratenientes, tal vez por ello afirma Petro “El único competidor político que tengo yo en los barrios populares es el uribismo. No puedo desconocer que el uribismo tiene arraigo popular”. Por ejemplo, la zona de La Mojana sucreña. Sumida en una renovada miseria con las dos veces anuales que se inunda.

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La semana pasada visitó a Majagual en Sucre la senadora María del Rosario Guerra y el posible precandidato presidencial del Centro Democrático para anunciar las inversiones que el presidente Iván Duque haría con el fin de dar solucionar el eterno desmadre del río Cauca. La reunión con nuevos anuncios se hizo en el colegio donde cursé mi secundaria. No dejaron entrar sino al séquito que lo acompañaba: el ministro de agricultura, la representante Ana María Castañeda, esposa de Mario Fernández, exalcalde de Sincelejo. Ana María Castañeda reemplazó a Antonio Guerra por ser la segunda en su lista. Guerra perdió su curul cuando en el reconteo de votos se “desaparecieron” unos votos en el Chocó y como al caído caedle, el efecto dominó de Odebrecht lo arrastró a la cárcel.

Estuvieron pues, los alcaldes de Sucre, Guaranda y Majagual y el público proveniente de una base popular, mucha población clase media y barrial que gritaba: Viva el presidente Duque; los afectados le regalaron un poncho, hubo espectáculo con caballos de paso fino. Fotos y elogios para el mandatario cuyo jefe Álvaro Uribe también recorrió la zona haciendo los mismos anuncios. Aquello no parecía un asunto calamitoso. Duque no hizo nada por La Mojana en tres años de gobierno, los dejó hundir, pero lo recibieron como héroe.

Ahora anuncia una inversión de 2,5 billones centrada en cuatro fases a seis años ¡Seis años! En este tiempo lo más probable es que ocurran doce inundaciones (dos por año) y con la dilación en la ejecución de lo público porque los contratistas no pueden trabajar debido al mismo río encrespado y embravecido, se pedirá una adición presupuestal y temporal, entonces estaremos hablando de siete años.

En este contexto el gobernador de Sucre anuncia obras para la protección de cascos urbanos, dejando solo $200.000.000 en la última fase para el tema ambiental y adecuación de canales. Amurallar los pueblos y dejar a la zona rural a su suerte, es decir, evitar la inundación en la margen izquierda del Río Cauca y proteger a San Jacinto, Majagual y Guaranda, pero del otro lado hay comunidades rurales como Tres cruces y Achí.

Sólo anuncios, como en San Andrés y Providencia. La Mojana es una de las zonas con mayor fertilidad en sus suelos abonados justamente por las inundaciones, pero nunca ha alcanzado el dinero para la hamponería de los gobernantes. Y da grima ver el nivel de alienación de sus pobladores casi plenos porque el presidente los visita.

El río herido inunda y arrasa buscando su cauce. Entre tanto, la calidad del agua para consumo en La Mojana es un atentado a la salud. En la sede mojana de la ESAP (Escuela Superior de Administración Pública) hay un grupo de profesionales mojaneros que ha hecho un estudio sobre el efecto de los metales pesados presentes en el agua de consumo que ocasiona el nacimiento de niños con paladar hendido y problemas renales. Afirman que estas enfermedades van en aumento en relación con la minería legal e ilegal porque estos metales como el mercurio terminan en el río Nechí, de ahí van al Cauca y llega a la Mojana. Y los acueductos toman aguas subterráneas, no hay bocatomas, es decir, el tubo que tiran al río y luego debe procesarse no existe este elemental procesamiento de ingeniería hidráulica, a lo sumo proceso el agua con cualquier cantidad del mero cloro. Así, en pleno siglo XXI el agua se toma del subsuelo y termina en el jugo, en la sopa, calma la sed.

Veinte años de gobierno de Álvaro Uribe y La Mojana sigue cercada por la ignominia. Pero él allá es un dios y Duque un diosito.

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