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Dice George Steiner en La muerte de la tragedia que cuando las causas del desastre son temporales, cuando el conflicto puede ser resuelto con medios técnicos o sociales, entonces podemos contar con teatro dramático, pero no con la tragedia y agrega: “La tragedia es irreparable. No puede llevar a una compensación justa y material por lo padecido”.
Los pueblos que conforman la región de La Mojana al sur del departamento de Sucre y de Bolívar son pueblos trágicos, hay unos dioses putrefactos que trazan la debacle y los habitantes ignaros caminan felices hacia el matadero. Esta metáfora del matadero hay que leerla así: matadero es la cárcel elegida de creer año tras año, década tras década, que viven en la “mejor región del mundo”; matadero es creer que la pobreza es un estado que ocurre porque Dios así lo quiso y no porque han sido empobrecidos (como bien ha precisado la candidata a la vicepresidencia por el Pacto Histórico, Francia Márquez) por sucesivos administradores de alcaldías y gobernaciones; caminar hacia el matadero es aceptar la guerra impuesta por el uribismo porque es que el mundo siempre ha estado en guerra. He oído con tristeza y estupor mezclados cómo amigas mojaneras justifican el negocio de muerte que ha instaurado el paramilitarismo a través de bandas criminales como el del Clan del Golfo, aduciendo que “nuestro Dios es el Señor de los Ejércitos”, que eso qué va a ser culpa de Uribe.
Así de obnubilados, así de alienados están. Por ello resulta casi imposible liberarse de sí mismo. No hay peor cárcel que la que se elige con gusto. La vida sabrosa que propone Francia Márquez, esa que consiste en que el bienestar individual debe ir de la mano del bienestar colectivo, no es una concepción de vida que quepa por allá. Al contrario: si mi familia y yo tenemos con qué comer; dinero para viajar a Sincelejo, Barranquilla, Cartagena o fuera del país; si tenemos la nevera llena y el celular con datos, me vale cinco que el resto del pueblo padezca la ignominia de la miseria.
Desde hace unos días el río Cauca está buscando su cauce y en su desbarajuste está inundando veredas, caseríos y corregimientos. Llevo cuatro décadas de mi vida padeciendo el dolor de estas crecientes, viendo empobrecerse cada vez más al campesino que ve hundidas sus hectáreas de arroz, de sorgo, de millo; o viendo cómo mueren reses y demás animales arrastrados por el río. Y llevo cuatro décadas oyendo que nadie puede contra el río, aunque millones y millones de pesos han sido dizque invertidos en solucionar esta furia que no es trágica, sino dramática. Pero hoy (estos días) es posible ver cómo muchísimos mojaneros están convencidos hasta el fanatismo que el candidato de Álvaro Uribe sí va a solucionar esta catástrofe, al punto que es posible ver imágenes de la región inundada como una muestra de la alienación extrema: familias enteras en palafitos viendo dos cielos de agua y una valla inmensa a lo lejos que promociona al candidato de Uribe como seguro presidente.
