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Me voy a morir y la izquierda peleando, por decir lo menos. La llamada izquierda colombiana que no es sino el verdadero liberalismo (que aquí en este país es también conservador) no acusa recibo de que enfrentar la violencia del uribeduquismo, no sólo depende de la implementación de los acuerdos de paz, sino también del fortalecimiento del Estado local. Y no ha ocurrido ni lo uno, ni lo otro.
No se necesita ser un politólogo para ver cómo se hace hasta lo antidemocrático por deshacer la JEP; cómo en copia abyecta de Nicolás Maduro, el presidente y su mentor, (el ex presidiario, ex presidente y exsenador Álvaro Uribe Vélez) pretende acabarlo aunque para ello deba modificarse la Constitución y él sí que tiene experiencia en asuntos de este nivel. La llamada oposición o izquierda sabe como todo ciudadano bien informado que en la mitad del territorio nacional hay un Estado que sólo existe en la letra de la ley, en el discurso político o en la nómina oficial. Un Estado al que nadie le cree, ni siquiera los funcionarios públicos, sólo los políticos que viven de él y esto es una farsa porque se embolsillan los contratos y miran para otro lado.
La llamada oposición o izquierda sabe que van casi trescientos excombatientes del partido político Farc asesinados. Sabe que, de acuerdo a Indepaz, a 31 de octubre han ocurrido en Colombia 70 masacres que dejaron 278 personas asesinadas: jóvenes, indígenas, lideresas, afrodescendientes, militantes del partido Colombia Humana, guardianes del medio ambiente.
Sabe la llamada oposición o izquierda que en Sucre, en La Mojana sucreña opera con respaldo del ejército el grupo paramilitar llamado El Clan del Golfo que hace diez días asesinó a Lácides Cochero Alba, Darwin de Hoyos, Julio Hoyos, Javier Hoyos y Arquímedes Centanaro Carriazo, el Gobernador Héctor Olimpo le solicitó al comandante de la policía en Sucre, Coronel Willian Rincón Zambrano y al mayor General del Ejército Juan Carlos Ramírez, resultados que permitan la captura de los perpetuadores de esta masacre, esperando resultado en un tiempo record, pero la ineficacia del Estado representado en el gobernador se viene al piso toda vez que existen altas posibilidades de amangualamiento entre los verdugos. No hay legitimidad sin eficacia y viceversa. Y eso lo sabe la llamada oposición e incluso los llamados partidos de Centro como el Verde. Y están de acuerdo en que este es un momento en que el Uribato cuenta con el desafecto de mucho colombiano empobrecido, sin salud, sin vivienda, sin posibilidad de armar un proyecto de vida porque Duque ha confirmado que el futuro no existe (y el presente tampoco) Entonces: ¿Qué es esa arrogancia del senador Jorge Enrique Robledo? ¿De dónde la cantaleta de que Gustavo Petro es excluyente? ¿Por qué el temor a hacer una consulta abierta que incluya a Camilo Robledo, Ángela Robledo, Jorge Enrique Robledo, Gustavo Petro, Humberto De la Calle, Francia Márquez? Porque yo ahí no veo ni a Iván Marulanda, ni al incierto Sergio Fajardo.
En el filme “No” del director Pedro Larraín, hay una escena en que están reunidos los militares y ministros de Pinochet y conversan sobre la campaña del NO que lidera la oposición para sacar al dictador del poder y promover la democracia. Uno de los militares, con fanfarronería y desdén insta a sus compañeros a que dejen de preocuparse por “los del no” porque esos siempre “están peleando como perros y gatos”. Así nuestros dirigentes de la oposición: se ven tan poco humanos, tan desdeñosos con la ciudadanía que dicen defender, tan incapaces de no portarse como perros y gatos y deponer sus egos.
