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En los últimos meses, el alcalde Galán ha decidido dar una pelea por las cifras de seguridad. Ha mostrado reducciones en homicidios, hurtos y extorsión, señalando que su política “Bogotá Camina Segura” va por buen camino. Sin embargo, la ciudadanía no opina lo mismo: el 62 % siente que la seguridad está mal y, lo que es peor, que la situación se ha deteriorado, y la verdad es que la gente tiene razón.
El alcalde ha optado por mostrar las cifras de forma parcial para vender un éxito inexistente, cuando en realidad lo que vivimos es un leve descenso tras un incremento brutal de la inseguridad en la ciudad.
Al presentar solo una cara de la moneda, el alcalde olvida que la autocrítica es vital para corregir el rumbo. Si bien es cierto que los homicidios y hurtos bajaron ligeramente frente a 2024, no podemos ignorar que, durante esta administración, estos delitos han crecido por encima del 50 %. El caso de la extorsión es aún más alarmante: subió más del 200 %, una cifra que no veíamos en Bogotá desde la crisis de los años 90 con las bombas de Pablo Escobar.
Galán nos quiere convencer de que el problema es de percepción. Pero cuando lanzan granadas contra establecimientos y personas, como si estuviéramos en medio de una guerra, el tema deja de ser una sensación para convertirse en una realidad cruda. Su estrategia apenas ha logrado frenar el crecimiento de los delitos, pero no ha hecho nada real por reducirlos de fondo.
Durante dos años, la excusa ha sido la misma: que el Gobierno Nacional no ayuda, que no hay policías suficientes, que la justicia no opera. Pero hay delitos que dependen directamente de la gestión local y que han crecido de forma desproporcionada: la violencia intrafamiliar aumentó un 11,5 % y las lesiones personales un 10,2 %. Aquí la responsabilidad es de la Alcaldía. Tenemos Secretaría de la Mujer, Comisarías de Familia y gestores de convivencia; una burocracia que crece a pesar del discurso de austeridad. Entonces, ¿por qué no funciona?
Lo primero es reconocer la falta de liderazgo para controlar la convivencia. Más allá de la falta de pie de fuerza, no hay políticas claras frente a los problemas cotidianos: el ruido, las basuras y el control de establecimientos. Todo esto está bajo el mando de la administración y, simplemente, no camina.
Con respecto a las mujeres y las personas diversas, la Secretaría de la Mujer parece brillar por su ausencia. No hay acompañamiento real, la Línea Púrpura vive saturada y las medidas de protección son, en muchos casos, un saludo a la bandera que no se cumple. Los feminicidios han crecido y muchos de ellos empezaron como alertas de violencia intrafamiliar que nadie atendió. ¿Y la Secretaría? Pues bien, gracias.
Es hora de que el alcalde Galán deje de seleccionar solo los datos que le favorecen y asuma una actitud de cambio. La seguridad no va bien, Bogotá no camina segura y las mujeres no tienen quién las proteja. Deje de decirse mentiras, alcalde, y comience a corregir.
