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Las armas de la “batalla cultural”

Blanca Inés Durán

30 de julio de 2026 - 12:04 a. m.

Parte del giro a la derecha que está tomando nuestro país incluye una exacerbación de la religión y su instrumentalización para atacar a las minorías, que han trabajado durante décadas por el reconocimiento a sus derechos, y que están en riesgo de que se retroceda.

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Colombia es un país con fuertes raíces cristianas y católicas. Yo misma, como parte de la comunidad LGBTIQ, fui cristiana durante muchos años. Hasta ahí no habría problema, ya que los valores cristianos han sido uno de los pilares de nuestra sociedad.

Como lo explica Rodrigo Uprimny en su columna Grandeza de Cristo para los no creyentes, valores como la solidaridad, la justicia y la equidad que soportan la Constitución de 1991 encuentran sus raíces en las enseñanzas de los evangelios, como amar al prójimo como a uno mismo, o el compromiso de Jesús con los pobres, los perseguidos y los humillados.

El problema es que una de las características del giro a la derecha y a la extrema derecha que viven tanto Colombia como el mundo está instrumentalizando la religión, tanto en su vertiente católica como cristiana evangélica, como excusa para retroceder en los derechos de las minorías que tanto nos ha costado alcanzar.

La lucha de la comunidad LGBTI ha demostrado que más que crear un “rancho aparte”, esta comunidad (a la cual pertenezco y en la que he sido activista para alcanzar la equidad de derechos con respecto al resto de la población) lo que ha querido es tener un espacio en la sociedad, no luchar en contra de ella.

Por esta razón considero peligroso los coqueteos que estamos viendo del uso de la religión para radicalizar el discurso de la tradición y la familia tradicional, que lo único que busca es quitar los derechos adquiridos por las minorías. Mientras la ministra de Cultura del gobierno entrante, Paola Holguín, habla de una “batalla cultural”, en redes quedó expuesto cómo los llamados “Soldados de Cristo”, vestidos con pinta militar, se parquean frente a los colegios a reclutar niños.

Soldados de Cristo que “reclutan para dios”, una batalla cultural para construir la “patria milagro”. Es preocupante tanto uso de las figuras de la religión para justificar el guerrerismo que se va imponiendo, que va calentando los ánimos y que nos va cerrando cada vez más al diálogo y al reconocimiento del otro para poder solucionar nuestras diferencias.

En las últimas décadas, la comunidad LGBTI ha recorrido un largo trayecto en el reconocimiento de sus derechos. Hoy es mucho más fácil que hace 20 años salir del closet y poder vivir con dignidad, incluso son muchas las personalidades tanto en el sector privado como el público que pertenecen abiertamente al sector, varios de ellos son políticos que han alcanzado cargos de elección popular sin tener que esconderse ni avergonzarse.

Pero haber alcanzado esos derechos no quiere decir que no se pueda retroceder. La violencia hacia la comunidad es real y se sufre todos los días. Hace unas semanas el personal de seguridad de un centro comercial de Bogotá retiró a dos jóvenes por darse besos mientras grababan un video, mientras que en Berlín un atacante, al parecer con motivaciones religiosas, atropelló y atacó con machete a las personas que participaban en el desfile del Orgullo.

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Por esta razón espero que los grupos y las personas más religiosas nunca pierdan de vista que los valores que han creado nuestro país incluyen el amor al prójimo, así como los principios de igualdad ante la ley, no ante la Biblia. Que un pecado no es lo mismo que un delito y que no tenemos que entrar en la batalla cultural que nos proponen.

Por Blanca Inés Durán

Bogotanóloga, ingeniera industrial y gestora pública.
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