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A propósito del presupuesto nacional, en lugar de enfrascarnos en la discusión de si queremos un Estado más grande o pequeño, deberíamos enfocarnos en discutir qué hace el Estado y su rol para tener una economía sana.
Como Abelardo de la Espriella copia todo lo que hace Donald Trump, ya sabemos cómo va a ser su gobierno. Si Trump vende biblias personalizadas, Abelardo las regala a sus ministros, si Trump le echa la cupa de todos los males del país a los migrantes y propone hacer un muro en la frontera con México, pues Abelardo le echa la culpa de todo lo malo de Colombia a los venezolanos y anuncia un plan para echarlos del país.
Bajo ese guión, el paso siguiente de Abelardo es el de pasarle la motosierra al Estado para recortarlo, no de manera quirúrgica, sino amputando a las malas instituciones clave para el bienestar ciudadano, sin ningún tipo de estudio técnico ni análisis de las consecuencias que podría tener.
Pero igual que le pasó al Estados Unidos de Trump (o a la Argentina de Milei) la realidad los aterrizó. En campaña Abelardo propuso acabar 10 ministerios, pero ahora que tienen que repartir cuotas burocráticas a los sectores sociales que los apoyaron, esto ya no es viable.
Esto se ve reflejado en el presupuesto que presentó el Gobierno ante el Congreso que, contradiciendo sus promesas de campaña, aumentó en alrededor de 50 billones de pesos en comparación con el que presentó el Gobierno Petro.
En medio de esta discusión, se instalaron dos retóricas ideológicas de los bandos reinantes en Colombia. Por un parte, Petro y la izquierda se encasillaron en que la solución de los problemas es la estatización: de la salud, de la educación, de los servicios públicos, etc. Por otra parte, la derecha de Abelardo quiere solucionar los problemas a través de la privatización de todo, incluyendo las cárceles.
Aprovechemos esta coyuntura del presupuesto nacional para analizar no solamente el tamaño del Estado, sino su rol en la economía del país, es decir, lo que debe hacer para crear una economía sana y que cumpla el fin último en una sociedad, que es llevar bienestar a la mayor cantidad posible de sus habitantes. Como el tema es amplio trataré de continuar el análisis en las columnas siguientes.
Por una parte, es importante acabar con un mito que se ha instalado en la retórica política, pero que no está sustentada en la realidad: el Estado colombiano es muy grande y hay que reducirlo para hacerlo más eficiente y dejar que los privados sean los que hagan cosas.
En Colombia, solo el 9 % de las personas empleadas en el país son trabajadores públicos. Eso está muy por debajo del promedio de los países de la OCDE, que está entre el 17 y el 18 %.
De hecho, todos sabemos que el problema de nuestro país es que hay más territorio que Estado. Por esta razón hay tanta ingobernabilidad, no solo en territorios rurales, sino también en las ciudades, donde existen barrios en la periferia donde el Estado no llega con ningún tipo de servicios, e incluso la fuerza pública necesita grandes operativos para poder entrar.
Más importante que la discusión inmediata del tema de la plata (es decir, el presupuesto presentado ante el Congreso), discutamos qué debe hacer el Estado en su conjunto para estimular la economía y crear riqueza que se distribuya en todas las personas, no que se concentre en unas clases sociales, como en el caso de Colombia, que es el país más desigual de la región.
En la siguiente columna analizaré cuál es ese papel del Estado. Spoiler: no tiene nada que ver con la solución libertaria (con tanta representación en el gobierno de Abelardo), con su máxima de Ronald Reagan: “el Estado no es la solución a nuestro problema; el Estado es el problema”.
La verdad es que más importante que el tamaño del Estado, es qué hace el Estado. Para el gobierno Petro, el ideal era acabar con el sector privado y que todo lo hiciera el Estado. Para el de Abelardo, la idea es reducir el Estado a su máxima expresión para que todo lo haga el privado.
Contrario a la intuición, la solución no es un punto medio.
