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Los tres candidatos más opcionados a la presidencia de Colombia no asistirán a debates, o al menos eso parece mostrar su comportamiento de los últimos meses, en una campaña con 14 candidatos y candidatas, la opción de escucharlos y comparar parece perdida.
En Colombia, los debates presidenciales eran fundamentales, y se daba por sentado que todos los candidatos debían participar, si no en todos, por lo menos en algunos. En los debates se puede ver con más profundidad no solo el qué de los candidatos sino el cómo; son espacios donde se pueden profundizar sobre los diagnósticos y las propuestas de gobierno para solucionar los problemas que aquejan a los ciudadanos.
Sin embargo, con el crecimiento de las redes sociales, desde la campaña anterior los candidatos han percibido que pueden hablar directamente a los electores sin la necesidad de participar en los debates. En la campaña anterior, Rodolfo Hernández no debatió con Petro, y en esta, tanto Iván Cepeda como Abelardo de la Espriella y Paloma Valencia, los tres candidatos punteros, se ven reacios a participar.
Muchas personas dicen que los debates no importan, porque no hacen cambiar de parecer a los ciudadanos. Sin embargo, para mí, como ciudadana, me parecen importantes porque dan la oportunidad de conocer las posturas de todos los candidatos y candidatas, así no sean de mi simpatía. También son importantes, más ahora en tiempos de radicalismos y polarizaciones, para ver cómo los candidatos interactúan en persona, se saludan de mano, se miran a los ojos, y pueden debatir con argumentos y no con los gritos que generan efectos en las barras.
Así no se pongan de acuerdo, el hecho de compartir un espacio y la palabra, reconocer al otro y respetar en medio de la diferencia son la esencia misma de la democracia. Por eso sería triste que, al igual que en las elecciones presidenciales anteriores, el país no vea a los candidatos más opcionados en la primera vuelta, compartir un espacio y debatir con ideas y argumentos.
Sin embargo, esto se ve cada vez más difícil. Los candidatos se sienten más seguros hablándoles a su hinchada a través de sus redes sociales, o en sus eventos multitudinarios donde los van a vitorear sí o sí. En estos eventos hablan de ese “otro” como el enemigo, y la multitud grita, aclama y vitorea, lo cual aumenta ese atrincheramiento de ideas y aumenta la polarización.
La hinchada de aficionados no quiere ver un debate de ideas, un intercambio de argumentos y una reflexión en la cual exista la posibilidad de cambiar de parecer. En su lugar, quiere ver cómo su candidato “peina” al otro, lo deja callado, lo humilla. Esto, por supuesto, aumenta la radicalización, y debilita la democracia.
Ese “otro enemigo”, ese que se debe “destripar”, es un grupo de personas que también hacen parte de Colombia, sujetos a derechos y con quienes también se tendrá que gobernar. El filósofo Byung Chul Han ha venido advirtiendo que las redes sociales crean tribus digitales donde la comunicación se convierte en agresión y odio, y se busca constantemente un enemigo al cual eliminar en lugar de un diálogo.
Ese no es un fenómeno de Colombia, es mundial y por eso se han debilitado los espacios democráticos, entre ellos los debates. Por esta razón, espero que los candidatos participen en los debates, para que convenzan al electorado con sus argumentos, y para que queden registros de sus ideas, para que los ciudadanos puedan hacer control político y recordarles sus posiciones de candidatos, que muy frecuentemente se contradicen a sus posiciones de gobernantes.
